Cada 15 días, un grupo de marplatenses y extranjeros se juntan en algún bar de la ciudad para conocer gente y practicar idiomas. Mirá de qué se trata.
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Es viernes a las 8 de la noche. Dos parejas entran a un bar de Mar del Plata y se ubican en una mesa, cerca de la entrada. Enseguida llega otro, saluda con la cabeza y espera de pie. Al rato, entran cinco más y se instalan al lado de los que habían habían llegado primero. Algunos traen capas, dentaduras de plástico o máscaras para celebrar Hallowen. Son amigos, compañeros de habitación de un hostel, gente que no se había visto nunca antes pero conversan como si se conocieran de toda la vida. Es que, en realidad, solo para eso se juntaron este día, a esta hora.
Se comunican con palabras que suenan extrañas al oído acostumbrado al español. Salen palabras -o paroles, words o wörter- desconocidas de bocas de desconocidos. En este bar, un viernes a última hora, nadie sabe de aquel enojo de dios.
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MDQExchange es el nombre que adoptó un grupo de personas de Mar del Plata y extranjeros que desde comienzos de se septiembre se juntan dos veces al mes en cualquier sitio de la ciudad para practicar idiomas, conocer culturas de distintos países nacionalidades y hacer nuevos amigos. Al principio eran doce personas; ahora ya son alrededor de noventa hombres y mujeres de entre 25 y 35 años.
Estas reuniones, denominadas Encuentros Multiculturales, funcionan así: uno llega al lugar acordado y se acerca a la mesa identificada con el nombre del grupo. Allí se les entrega unos stickers con las banderas de los países cuyos idiomas sabe hablar. Esas figuras se pegan en la ropa del participante de acuerdo al nivel de los idiomas que maneja o quiere practicar, en orden descendente.
Una vez que todos están identificados con sus banderitas, se forman distintos grupos según la afinidad de idiomas y los intereses de cada uno. Pero eso no quita que muchos opten por tomar desafíos y se cambien de grupo para poder aprender nuevas lenguas. En el medio hay pizza free y tragos al precio de 2x1. Una ganga.
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Ben y Virgina hablan un español atravesado, pero se hacen entender. Están acá de paso -en unos días volverán a Estados Unidos- y es la segunda vez que vienen al encuentro del que se enteraron a través de un folleto que leyeron en el hostel en el que paran.
Andrea es la única que habla chino y eso supuso un gran desafío para los organizadores del evento, que llevan varias semanas intentando convencer al oriental de un supermercado para que participe. Pero el hombre se resiste una y otra vez. "Voy a comprar seguido pero no tengo suerte, no quiere saber nada", dice.
Vivi, una alemana de 22 años que arribó al país para perfeccionar su español, pasa un ratito por cada mesa: habla inglés, francés, italiano, alemán. Ahora está junto a dos muchachos que hablan sobre la fonética de una palabra en alemán que, mal pronunciada, significa el nombre de una especie de hongo y los haría quedar en ridículo en cualquier conversación.
En la pila de banderitas hay de todos los países: Rusia, Finlandia, Brasil, Japón, Francia, Inglaterra. Pero sobresale una whipala -cuadrangular, con los colores amarillo, anaranjado, rojo, violenta, azul, verde y blanco-, símbolo del pueblo aimara y, desde 2008, identificada con el Estado Boliviano. "Una vez llegó una mujer descendiente de mapuches, descalza, y nos explicó todo sobre su cultura. La dejamos preparada para que cuando vuelva", explican.
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María Lupin y Cristina Acuña, dos de las organizadoras de los Encuentros Multiculturales, coinciden en que para ser parte sólo es necesario no tener vergüenza. "La idea es que todos se sientan libres y puedan integrarse", dicen.
Hay sólo un requisito que cumplir: los participantes deben ser mayores de 18 para evitar inconvenientes en los lugares de reunión. "Elegimos ambiente relajados e informales y los vamos cambiando de acuerdo a la cantidad de asistentes que haya. Preferimos que sea de noche porque creemos que a la tarde, en una cafetería, no sería lo mismo", agregan.
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