Nacido en Juan José Paso, fue secuestrado en La Plata durante la última dictadura militar cuando tenía 24 años. Estudiaba arquitectura y militaba en la Juventud Universitaria Peronista. Sus restos fueron encontrados en el cementerio de Avellaneda. En Trenque Lauquen, su nombre se sumó, desde hace años, en la marcha del 24 de marzo, junto a otros desaparecidos de la región.
En la década del '70, Roberto estudiaba Arquitectura en la Universidad de La Plata y militaba junto a su novia, Marta Veiga, en la Juventud Universitaria Peronista. Los dos desaparecieron tras un operativo represivo en la capital provincial, entre el 15 y 16 de diciembre de 1976. Desde entonces se ignoró el paradero de la pareja, aunque los esfuerzos por hallarlos con vida fueron muchos, relata ahora su hermano Víctor Suárez, con un informe del EAAF (Equipo Argentino de Antropología Forense) entre sus manos.
LA BÚSQUEDA
“Siete días después, cuando supimos de su desaparición viajamos a La Plata, convencidos de que lo hallaríamos, tal vez demorado en alguna repartición policial, a disposición de la Justicia. Ignorábamos los métodos criminales que la dictadura empleaba y estábamos lejos de suponer la pesadilla que viviríamos luego”, rememora quien entonces era adolescente y viajó con sus padres a La Plata.
Sin embargo les resultó casi imposible obtener información sobre el secuestro y destino posterior de Roberto, pese a la rapidez con que obraron. Cuenta Víctor que en los primeros días de 1977 su padre presentó sin resultados un hábeas corpus y un año después “hizo reclamos ante la organización Amnistía Internacional”.
Luego de un impasse que describe como una “larga meseta”, en 1999 obtienen algunos datos, pero para ese entonces el padre ya no se encontraba con vida. Fue Víctor quien asumió la búsqueda de su hermano; y en setiembre de 2003 prestó testimonio en el “Juicio por la verdad” en la Cámara Federal de La Plata, con otros testigos del caso.
En aquel proceso se develó, entre otros detalles, que el secretario de monseñor Antonio Plaza había expresado a un familiar de Marta, la compañera de Roberto, que éstos estaban “más cerca de lo que vos pensás” (por lo que, en aquel momento, se dedujo que podían estar detenidos en la brigada de Investigaciones platense), constatándose además la connivencia entre el clero y los grupos represivos. Más tarde, el propio Víctor, por otros indicios, conjeturó que su hermano y la novia pudieron estar secuestrados en la Comisaría 1° de esa ciudad; sin embargo, no se pudo esclarecer mucho más y el paradero de ambos desparecidos continuó siendo un misterio.
EL HALLAZGO
Entre las gestiones que Víctor Suárez jamás abandonó, en 2003 dejó una muestra de sangre al equipo de antropólogos forense, consciente “de la enorme y responsable labor que desarrollan”. Eso sirvió para establecer comparaciones con cadáveres previamente exhumados. Así, ante algunas evidencias, recién en 2009 la entidad requirió una nueva muestra sanguínea de otro familiar directo. Esta vez fue su madre, Eva Delemont, quien la aportó para que el equipo llegase a resultados concluyentes. “El último 18 de mayo, telefónicamente, me informaron que la comparación de datos genéticos indicaba que los restos encontrados pertenecían a mi hermano Roberto Ricardo Suárez”, expresa Víctor, quien ocho días después se trasladó a Capital Federal, presentándose en la sede del EAAF para solicitar la entrega de los restos, autorización judicial de por medio.
LOS RESTOS
Las piezas óseas identificadas como correspondientes al desaparecido Roberto Suárez habían sido exhumadas 22 años atrás, con otros ocho esqueletos, de una fosa común en el sector 134 del Cementerio Municipal de Avellaneda, a menos de un metro de profundidad. El hallazgo tuvo origen en una denuncia por 122 víctimas; empero, el resultado fue la exhumación de más de 300 cuerpos sin identificación, todos víctimas del accionar represivo de la dictadura instaurada en la Argentina en 1976.
El trabajo del equipo forense no sólo va haciendo posible la identificación de los cuerpos, también aporta información certera sobre las causas que produjeron la muerte y las prácticas violentas que soportaron las víctimas.
Roberto Suárez tenía 24 años cuando fue secuestrado en La Plata, se presume que permaneció unos siete meses en el campo de concentración clandestino “El Vesubio” antes de ser asesinado
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