Encierran a la empleada y roban una panadería

Encierran a la empleada y roban una panadería

Eran dos. Pidieron una docena de facturas. Y enseguida sacaron un arma. Dieron vuelta el local, durante media hora 

Ya parece no importar la hora; si es una zona transitada o si existe el riesgo de quedar expuestos: ayer a la tarde, en La Loma, una panadería se convirtió en el blanco de la inseguridad que golpea a la Región. Los asaltantes robaron el comercio haciéndose pasar por clientes y, una vez que revelaron sus verdaderas intenciones, se tomaron todo el tiempo que necesitaron para conseguir el dinero que habían ido a buscar. Eran aproximadamente las 14.30 de ayer cuando un hombre acompañado por una mujer entraron a la panadería Le Crois, local que funciona en la esquina de 15 y 41. “Parecían jóvenes, seguro que no tenían más de 22 años”, comentó Marcela Arroyo (36), la empleada que los atendió. En ese momento no había clientes en el local. Entonces, los dos jóvenes simularon serlo, acercándose al mostrador y pidiendo una docena de facturas. “Cuando me pidieron las facturas y me di vuelta para agarrar la bolsa, escuché un ruido”, prosiguió Marcela, mostrando dónde estaba parada en ese momento. Cuando la mujer giró para ver qué pasaba, se encontró con el joven a su lado, visiblemente exaltado. “Había saltado el mostrador, y me empezó a gritar para que le diera toda la plata”, detalló la empleada. Tratando de enfatizar su pedido, el falso cliente se levantó la remera y mostró un revólver que tenía enfundado en el pantalón. Luego, el delincuente esgrimió su arma hacia la empleada espetándole “no grités porque te mato”. Con el revólver apuntando hacia su cabeza, Marcela terminó acatando las ordenes del joven que seguía exigiendo la recaudación. “No había mucha plata, le dije que no habíamos tenido mucha actividad”, aclaró ella, agregando enseguida que “me dijo que me metiera en el baño, me encerrara y saliera cuando ya no escuchara más ruido”. Y eso hizo. Dentro del pequeño baño, la mujer oyó todo tipo de ruidos, golpes y gritos. Al cabo de una media hora, ya no había más que silencio y fue entonces cuando decidió salir. Se encontró con el negocio “dado vuelta”. “Tiraron toda la mercadería, la caja, el horno eléctrico, no dejaron nada en su lugar”, afirmó Marcela. Los ladrones se llevaron un monto superior a los 4.200 pesos. “Lo peor de todo es que vinieron caminando y se fueron caminando. Estamos en una zona transitada y nadie vio nada. Y hace dos meses pasó lo mismo, pero a la noche”, concluyó la empleada, que a pesar del susto siguió atendiendo el local hasta el horario de cierre.

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