Cuatro ladrones golpearon a dos repartidores, efectuaron un disparo y amenazaron con cortarles los dedos
Eran las 4 de la madrugada de ayer. Los dos distribuidores de carne, de unos 50 años, estaban despachando la mercadería en ese local.
Como la puerta del comercio estaba abierta, los cuatro delincuentes encapuchados no tuvieron inconvenientes para ingresar.
“Iban en dos motos, y lo más probable es que los hayan ‘enganchado’ justo al pasar, porque estaban trabajando hacía varios minutos y antes de llegar no habían visto a nadie que los siguiera”, explicó Graciela Kollarcik (55), la esposa del dueño del local.
AMENAZADOS CON UN TIRO
De entrada, los ladrones empezaron a gritar y uno de ellos, para intimidar, decidió disparar “un tiro al aire”, que terminó impactando en una pared, casi en el techo del comercio.
Esa forma de amedrentar a las víctimas fue sólo el primero de sucesivos actos violentos que realizaron los asaltantes para aterrar a sus víctimas.
Primero, a uno de los repartidores le pegaron un culatazo en la cabeza, que le provocó un corte en el cuero cabelludo.
Al instante, otro de los ladrones tomó una cuchilla que había en la carnicería y golpeó al otro trabajador en la cara, con la hoja de acero de costado.
“Si le pegaba con el lado del filo, lo cortaba todo. Al final se terminaron llevando la cuchilla”, contó Graciela.
Tras esa secuencia de extrema violencia, los delincuentes comenzaron la búsqueda del dinero, el que exigían constantemente. “En la registradora solamente habían 100 pesos, y los distribuidores de carne no manejan efectivo en los repartos”, señaló Hugo, el dueño del local.
Por esa razón, los ladrones continuaron pidiendo más plata. Y así fue que uno de ellos fue hasta el camión de los repartos y rompió los asientos, pensando que debajo había dinero.
Pero como seguían sin conseguir el pretendido botín, uno de los cómplices le ordenó al ladrón que lo acompañaba: “Cortale los dedos”.
Después de sacarles sus celulares y otras pertenencias, los cuatro asaltantes se fugaron. Un vecino había escuchado toda la secuencia. Primero llamó al 911 y después decidió salir él mismo a la calle para ver cómo estaban las víctimas.
Tras recibir la atención médica, los dos damnificados se encontraban “bien, pero con un susto terrible”.
Este hecho se suma a otros dos episodios anteriores que, aunque ocurrieron en el local hace cerca de dos años, motivaron que tomaran mayores medidas de seguridad.
“Fueron dos robos en un mes. A partir de ahí tuvimos que atender con rejas y timbre electrónico”, sostuvo Hugo. “Desde esa vez no atiendo más en la carnicería porque me asusté mucho”, admitió Graciela.
Y Hugo concluyó: “Se llevaron un susto grande, porque cuando entraron a los tiros creyeron que les podían tirar a ellos”.
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