Se encadenan los errores: ¿Dónde está el piloto?

Por Ricardo Kirschbaum.

El 2 de noviembre de 1973, Juan Domingo Perón visitó la CGT. Lo acompañaron Isabel Perón, vicepresidenta de la Nación, y los ministros José López Rega, José Ber Gelbard y José Otero. Lo recibió el entonces titular de la central obrera, Adelino Romero. Allí pronunció un discurso en la que reivindicó la estructura sindical peronista , a la que calificó de “una de las más perfectas”, y aludió a los numerosos intentos de reestructurarla, cooptarla o dividirla, sin resultados.

Ese mismo día, en el Luna Park, el sindicalismo “combativo”, orientado por la Juventud Trabajadora Peronista que respondía a los sectores radicalizados del peronismo y de Montoneros , hizo un acto en defensa de la democracia sindical. Eran tiempos del gran debate, que muchas veces se saldó con sangre, sobre la democratización de las asociaciones profesionales. Allí se habló de burocracia sindical y de macartismo .

En ambos ámbitos, la palabra “liberación” era utilizada en un sentido o en el otro.

El recuerdo viene a cuento del comunicado de la CGT de Hugo Moyano en defensa de Gerónimo Venegas. El acápite de la declaración es aquel discurso de Perón de noviembre de 1973. La cita de Perón no ha sido elegida al azar; es un mensaje, otra vez y en otra etapa histórica , a quienes son hoy sus aliados políticos luego de haberse enfrentado ideológica y militarmente en aquellos tiempos.

El reflejo corporativo ha sido mucho más fuerte que otras consideraciones . Venegas es un sindicalista que milita abiertamente con Duhalde pero, antes, había estado con Kirchner, así como Moyano, en la campaña de 2003, combatió al santacruceño acompañando la candidatura de Rodríguez Saá.

El temor de que la investigación de la mafia de los medicamentos avance sobre otros sindicalistas, en particular sobre Moyano , ha disparado esta declaración que revela esa inquietud y establece las prioridades para los gremialistas.

La convicción de que ha existido una mano política detrás de esta espectacular detención desató reacciones que el Gobierno no había medido . Y, sobre todo, disparó el reflejo de supervivencia de la dirigencia gremial: no los une el amor sino el espanto , como diría Jorge Luis Borges.

Si el procesamiento del recaudador de Cristina debía ser “compensado” con la detención de alguien vinculado a la oposición peronista, el resultado de esta maniobra no ha sido, a todas luces, favorable para quienes la inspiraron . La política está tan presente en la causa que todo es sospechado.

Como en la crisis del Indoamericano, que terminó perjudicando a sus impulsores, la detención de Venegas disparó reacciones en el peronismo que sorprendieron al oficialismo . La ausencia de un conductor político es cada vez más evidente.

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