El Sub 21 la pasaba mal con Egipto hasta que se juntaron el Papu Gómez y Buonanotte para tumbar las pirámides.
Igual, Argentina la pasó bastante mal. Sobre todo porque en el primer tiempo los pibes no le encontraron la vuelta al medio rival. En un punto neurálgico del fútbol moderno, la pulseada siempre fue favorable a los egipcios. No sirvió demasiado el esfuerzo de Banega y Galucci para contener: quedó en evidencia que hacía falta alguien más para equilibrar. Y esta falencia se evidenció aún más porque los talentosos, Buenonotte y el Papu, casi no pudieron encontrarse con la pelota.
No sorprendió, entonces, que Egipto se pusiera arriba luego de haber desperdiciado al menos cinco situaciones de gol. El fondo tampoco logró anular al único punta definido que hubo, Mohamed Abdou, un delantero rápido, hábil, luchador y guapo. En el peor escenario, el árbitro inventó un penal a Buenanotte que Banega transformó en el empate. Demasiado.
Si bien tras el entretiempo hubo más predisposición al juego de parte de Argentina, el partido continuó parejo. Hacía falta algo más, algo distinto, y surgió del trío de oro: Benega se la dio a Buenanotte, éste asistió a Gómez y el Papu reventó el arco. Golazo colectivo. En el mejor escenario, el árbitro inventó otro penal, esta vez para Egipto: 2-2. La victoria nuevamente dependía de una iluminación, y llegó de una asistencia del Papu al Enano de River. Y ahí van los pibes, que no perdonan...
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