Una empresa que sigue a la deriva: una obra que pudo evitar haber evitado las penurias

La no ampliación de la cisterna del Parque Independencia aumenta la crisis.

Con una obra relativamente accesible, que dista mucho de las faraónicas inversiones proyectadas, ABSA no hubiese tenido necesidad de someter a los bahienses a las penurias actuales.

Esa obra es una nueva cisterna en el Parque Independencia, capaz de triplicar la construida en ese sector en la década del '30 y que lejos está hoy de resultar suficiente para atender al número actual de usuarios.

No se trata de analizar un proyecto nuevo o de desempolvar alguno antiguo perdido en determinado despacho oficial, sino de haber tenido en cuenta los periódicos llamados de atención que especialistas y miembros de las universidades locales realizaron en las últimas décadas.

En este caso, al margen de cuestiones políticas y de la inacción del gobierno provincial de turno, está dentro de las posibilidades concretas que el sistema registre una rotura compleja como la del martes, donde una avería de ese tipo no es descabellada. De hecho, en diciembre de 1982 la ciudad estuvo tres días sin agua por un evento similar en el acueducto principal, por entonces relativamente nuevo.

Sin embargo, sí resulta inconcebible que no exista la mínima chance de abastecer a la población mientras se efectúan las tareas necesarias.

Con una cisterna que triplique el volumen de almacenamiento de la actual, Bahía Blanca podría haber pasado el trance más aliviada. Pero nada de esto pasó.

Uno de quienes más insistió en la construcción de esta cisterna fue el ingeniero Juan Carlos Schefer, especialista en Hidráulica, ex directivo de Obras Sanitarias de la Provincia, responsable del dique Paso de las Piedras y miembro de la Autoridad del Agua.

“En 1987 y 1988 se comenzó a proponer la ampliación de la cisterna a partir de excavación recubierta con una membrana en el fondo y otra en la parte superior. Esto costaba un 40% menos que una de hormigón y podía haberse triplicado la capacidad de almacenamiento”, manifestó.

Dijo que la cisterna actual, ubicada en lo alto de un predio contiguo al Parque Independencia, sobre la avenida Pringles, posee una capacidad de 120 mil metros cúbicos, lo cual es insuficiente para las necesidades actuales de la ciudad.

“Si se triplicaba esa capacidad de almacenamiento las tareas que hoy se están realizando se podrían haber encarado sin generar demasiados problemas a la población, brindando un caudal suficiente, regularizado”.

¿Cómo es el sistema?

Para dimensionar la magnitud del inconveniente, que de prolongarse podría terminar paralizando la ciudad y generando serios problemas sanitarios por el no funcionamiento de baños y cloacas, resulta conveniente dar cuenta de cómo llega el agua a la ciudad y por qué Punta Alta, Ingeniero White y varios barrios del sector sudeste no evidencian problemas por falta de agua.

Una vez captado en el dique Paso de las Piedras, el líquido es conducido por gravedad o por bombeo –-según la cota del dique-- hasta la planta potabilizadora Patagonia mediante un acueducto de hormigón de 1.500 milímetros de diámetro, cuya vida útil ya fue ampliamente superada.

Antes de llegar a las instalaciones de potabilización, parte del agua del embalse es conducida por otro acueducto de menores dimensiones a la planta Grünbein, mucho más antigua, que abastece a los sectores mencionados, por lo tanto ahora no sufren inconvenientes.

Lo mismo sucede con el Polo Petroquímico, el cual en su mayoría es abastecido con agua cruda --sin potabilizar--, que antes de llegar a la planta Patagonia se deriva hacia el sur mediante un acueducto industrial.

La gravedad del impacto del sector dañado el martes en el sistema reside en que este acueducto de 1.500 milímetros de diámetro es que abastece con agua potabilizada a gran parte de la ciudad.

Desde la zona afectada luego se dirige a la cisterna del Parque Independencia, desde donde parten tres conductos principales, que son los encargados del abastecimiento de agua potable a la población mediante innumerables ramales troncales y secundarios de distinto tamaño.

Uno es de 1.100 milímetros de diámetro y los dos restantes, de 600 milímetros.

El mayor, y más antiguo, ingresa a la ciudad por Undiano, mientras que otro corre en dirección norte-noroeste (calle Rojas y avenida de los Constituyentes, para luego, a la altura de avenida Alem al 2400, alcanzar sectores como calle Don Bosco y paraje El Cholo).

El otro es conocido como "sud-sudeste" y se dirige desde el Parque Independencia hasta el Penna.

Luego continúa por calle Esmeralda, en proximidades de la Terminal de Omnibus, hasta la Estación Spurr, siguiendo hasta Ingeniero White y, finalmente, General Cerri.

Todo esta zona vino sufriendo el mayor peso de la crisis y constituye, sin dudas, el sector que demanda acciones concretas para que sucesos de ese tipo no se repitan.

Comentá la nota