Empleado dijo ver un soldado al lado del fuego

Empleado dijo ver un soldado al lado del fuego

Un hombre, con 34 años en la Fábrica, recordó cómo se inició la tragedia. El juicio sigue el martes.

 

Uno de los pocos empleados de la Fábrica Militar de Río Tercero que observó el fuego inicial de la explosión de principios de noviembre de 1995, dijo que le llamó la atención que al lado del tambor de trotyl había una persona con ropa de soldado que nunca había observado.

Juan Emilio Ostera, el primer empleado en declarar en el juicio del Tribunal Oral Federal nº 2 donde son juzgados cuatro militares retirados miembros de Fabricaciones Militares, sostuvo ante el tribunal que «el mismo ‘miliquito’ estaba en el Polígono de Tiro, luego que me rescataron». No obstante, reconoció que a pesar que durante la instrucción le mostraron alrededor de cien fotografías no pudo recordar la fisonomía del sospechoso.

El testimonio de Ostera, que se prolongó durante casi una hora y media, avaló la hipótesis que se trataba de un hecho adrede y no accidental.

Ostera, quien trabajó durante 34 años de su vida en la Fábrica Militar de Río Tercero, recordó aquella trágica mañana del 3 de noviembre de 1995, cuando los empleados cobraban su sueldo. «Con la explosión, una esquirla me destruyó la ropa y me cortó el bolsillo dónde tenía la plata», comentó.

El hombre, que cumplía funciones de supervisor, contó que por esos días realizaba tareas de limpieza y acomodamiento, ya que los superiores anunciaron que iba a llegar una visita importante. En esa tarea se encontraban cuando trabajaban en el tinglado con otros dos empleados, uno de ellos manejaba la “mulita”, la que hacía 3 días había salido de mantenimiento, descartando que haya tenido pérdida de aceite y/o alguna otra falla que desatara un foco ígneo.

«Había al menos tres tambores de trotyl ubicados en altura, cuando observe que en el más bajo aparecieron llamas», dijo Ostera. Agregó que el fuego -con llamas parecidas a aquellas cuando se prende alcohol de quemar- en pocos segundos tomó dimensiones superiores a la altura del techo del tinglado, a pesar que el testigo intentó sofocar en vano, primero con un matafuegos y luego con una manguera de emergencia. En tanto, sus compañeros de trabajo habían iniciado la evacuación, mientras sonaba una sirena.

«Yo escuché la explosión y volé al menos 80 metros junto a las chapas», rememoró Ostera. Al caer fue socorrido por otras dos personas, con las que comenzaron a correr para resguardarse de la lluvia de esquirlas. En ese momento, habría escuchado otra detonación, que se habría producido en un depósito posterior a la barrera de contención.

Para Ostera, no hay dudas que las explosiones fueron hechas a través de un iniciador de alto poder y un detonador, ya que el trotyl no se prende fuego «ni con dos paladas de hojas de eucalipto», como pretende abonar las defensas de los acusados.

Un dato no menor, es que previo a la voladura de la fábrica, no existía vigilancia en el predio, por supuesto recorte presupuestario, por lo que era «tierra de nadie».

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