Un maíz que empieza a explotar en San Luis

Un maíz que empieza a explotar en San Luis

Varias empresas agropecuarias, que siembran pisingallo en la provincia, contaron por qué eligieron este cultivo y todos los aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de sembrarlo.

Palomitas de maíz, alborotos, millos, gallitos, poporopos,  poporochos o pochoclos; pururú,  popcorn, canchita, cancha perlita, canguil, cotufas, crispetas, chivitas, cabritas de maíz, pipocas, rosetas, rosas, rositas, roscas, tostones, cocaleca, o flores son algunos de los nombres que recibe en el mundo, el maíz pisingallo explotado.

Argentina es el primer exportador mundial de este producto, con 240 millones de toneladas. A pesar de que el “pororó” es altamente consumido en distintas partes del mundo, en nuestro país sólo se consume el 3% de lo que se produce, el resto parte en contenedores a distintos puertos.

San Luis destina algunas de sus hectáreas a este cultivo. Tres empresas agropecuarias contaron por qué eligieron sembrarlo en la provincia, qué les atrajo de este curioso alimento y cómo es el negocio de este especiality. 

Uno de ellos fue Alberto Marchioni, dueño de la compañía que está séptima en el ránking a nivel país con 13 mil toneladas al año y que exporta a decenas de naciones. “Gran parte de lo que mandamos al exterior lo producimos en San Luis”, aseguró el propietario de la compañía que lleva su nombre.

La sede está ubicada en la localidad de Hughes, a ocho kilómetros de Santa Fe. Allí tienen la planta equipada con la tecnología justa para sacar los contenedores, listos y cerrados, para poner en el puerto de Buenos Aires. “Tenemos puerto en seco, eso significa que de nuestra planta salen consolidados directos al mundo, porque cumplimos con una serie de requisitos, estamos habilitados por Senasa y contamos con cámaras de la AFIP para que todo quede registrado”, indicó Marchioni.

Según contó, su empresa es familiar por lo que sus hijos ayudan en toda la cadena. Uno de ellos está encargado de la exportación y trabaja conjuntamente con un bróker. “Tenemos clientes en distintas partes del mundo y participamos de distintas ferias de alimentos  en Dubai, Alemania y otras partes”, dijo, al tiempo que nombró algunos de la larga lista, como España, Italia, India, Arabia Saudita, Colombia, y “hasta Siria”, que importa pisingallo para hacer pororó a pesar de la guerra. De hecho, recientemente vendieron un contenedor a Estados Unidos, la meca del popcorn. Así, probablemente en alguna bolsa de pochoclo, de algún cine de Bombai, haya algún maíz sanluiseño.

Fue a través de un amigo en común que conoció la zona núcleo agrícola de San Luis. “Jorge Ossana me recomendó esas tierras. Hicimos los contactos y hace tres años empezamos por sembrar mil hectáreas con muy buenos resultados”, indicó, al tiempo que dijo que tuvo en cuenta las rotaciones y la historicidad de cada lote.

El tiempo fortaleció la relación comercial y este año volvieron a sembrar unas 500 hectáreas, de las 2.200 que hacen en el país, es decir, allí hacen casi el 23 por ciento. “Este año fue especial, pensando en las condiciones climáticas hubo momentos de mucho calor. Pero tuvimos buenos rindes, con un promedio de 4 mil quintales por hectárea”, comentó.

En ese sentido dijo que está muy satisfecho con lo que hacen aquí, y que piensan seguir en la región “por el suelo cuidado que tiene el campo” en el que trabajan, al tiempo que elogió la infraestructura, las facilidades y la gente que ofrece la provincia. 

Pero no todas las situaciones son iguales. Tal es el caso de Maniagro, cuyo fuerte no pasa por el maíz sino por el maní. Pero que a finales de 2013 hicieron una prueba piloto de pisingallo, en 87 hectáreas, a unos 35 kilómetros al sur de Villa Mercedes. “En General Cabrera  (Córdoba) sembramos este tipo de híbrido desde hace varios años, pero en San Luis es la primera vez que lo hacemos”, aseguró el encargado de la firma en la provincia, Lucas Lepore.

Según dijo, lo eligieron porque usa la misma seleccionadora que el maní, de esta forma aprovechan la infraestructura y diversifican un poco el negocio. “El proceso completo hasta la exportación lo podemos hacer en nuestra planta”, indicó. Así, cubren todas las etapas y evitan filtraciones y los gastos extra de mediadores, como pasa en el caso del maíz común o la soja. “Para los commodities, en cambio, tendríamos que entregarlo a otros exportadores y los números no son lo mismo”, dijo.

En la provincia hicieron el ensayo sobre dos lotes distintos: uno que alquilaron y que había tenido un maíz tardío y que venía bien barbechado, y otro en campo propio, que acababa de salir de un trigo. “El del trigo nos dio 20 quintales por hectáreas, y en el que no tuvo cultivo dio 42 quintales, es decir, más que el doble”, indicó sobre los resultados que les dio la experiencia en la provincia.  Más allá de la amplia brecha, la prueba fue superada con éxito porque Lepore confirmó que el año que viene volverán a repetir el cultivo.

Los locales también arriesgan por este maíz taquillero. La empresa Granos del Oeste S.R.L comenzaron hace varias campañas atrás a apostar por este segmento. “La idea surgió hace unos diez años, cuando tuvimos una situación en la que necesitábamos hacer otra gramínea, porque sembrar maíz común ya se nos había hecho muy pesado financieramente”, aseguró uno de sus cuatro integrantes, Ramiro Gonçalvez.

Pero las dudas sobre la comercialización los inquietaba. Es un sector relativamente chico en el que el 80 por ciento de lo que se exporta está en manos de un grupo de 14 grandes productores, de los 100 que forman la Cámara de Procesadores y Exportadores de Maíz Pisingallo de Argentina.. No es detalle menor. Por el contrario, por más de que un equipo haga bien las cosas y saque buenos rindes, de nada sirve el esfuerzo si después no se tienen los contactos adecuados y no hay a quién vender los granos. Por suerte, sortearon esta dificultad. “Nos contactamos con Pedro Maranessi de Argenetic Semillas,  produjimos para esa firma, y paralelamente para Maíz Pop, de Marcos Juárez (Córdoba)”, contó.

La campaña la hicieron en varios campos de la zona agrícola núcleo. Salpicaron lotes de El Amparo, La Petra, Cuatro Esquinas y La Cumbre. La última vez que hicieron materia prima de pororó fue hace tres años para la Alicampo, dueños de Argentec; este año decidieron hacer una pausa porque 2012 “no fue un buen año por lo que no hubo disponibilidad de semillas”.

Un negocio taquillero

No discrimina género ni origen. Puede ser una comedia, un drama o un musical. De la China a Ecuador, el pochoclo es el aliado incondicional de las películas y su consumo está íntimamente ligado a los hits de taquilla.

En su libro sobre “La historia del popcorn”, Andrew Smith asegura que el pochoclo genera el 46 por ciento de las ganancias totales de los cines en Estados Unidos.

“En Estados Unidos tienen mil forma de comerlos: con coco, con chocolate, salados, con sabores a fruta. Consumen muchísimo”, indicó Alberto Marchioni productor y miembro de la Cámara de Procesadores y Exportadores de Maíz Pisingallo. Y agregó que si bien los “norteamericanos” también son productores, todo lo destinan para el consumo interno y no dejan margen significativo para la exportación. “Consumen 90 litros por habitante por año”, dijo.

India no se queda atrás con Bollywood, su industria cinematográfica que genera 1.255 películas de calidad profesional, casi un 35 por ciento más de las que produjo Hollywood, según datos publicados por el centro de estadísticas de la UNESCO. “Ahí hay un mercado muy grande, tienen muchísimos espectadores y están muy acostumbrados al consumo, sobre todo en Nueva Delhi y Bombai”, afirmó Marchioni sobre uno de los países que forman parte de su lista de clientes.

“Los países árabes consumen muchísimo. Arabia Saudita, la región y hasta Siria. En España e Italia, también comen mucho. Lo mismo pasa en África y en algunos países de Latinoamérica como Colombia, Perú y Venezuela”, precisó. Las exportaciones argentinas lo respaldan, porque según la Bolsa de Cereales de Rosario el principal destino del producto en enero-marzo de 2014 fue Emiratos Árabes Unidos con el 10 por ciento del volumen total declarado en el período, seguido por Egipto con un 7 por ciento, Colombia con el 6,9 y España con el 6,1. Detrás le siguieron  con un 3,9 por ciento Venezuela, Arabia Saudita y Ecuador. Luego, Perú que acaparó el 3,7 por ciento, Filipinas el 3,7, Argelia el 3,4% e Italia el 3,1 por ciento, entre otros destinos.

Un producto "sensible"

En nuestro país "el aumento del consumo de pisingallo también está ligado a los cines". La única diferencia es que los argentinos no tienen una tradición pochoclera en sus hogares. En cambio, en Estados Unidos, por ejemplo, el 70 por ciento de lo que producen va destinado al consumo doméstico.

Así, si bien la Argentina es el primer exportador mundial de pisingallo, lejos está de ser un gran consumidor: de hecho, el 97 por ciento de lo que produce parte a distintos mercados.

En ese sentido, lejos está también de  Brasil, en donde su población demanda unas 260 millones de toneladas al año. "Allí, las amas de casa tienen una costumbre bastante arraigada de hacer popcorn en sus casas diariamente", indicó Marchioni.

 De ahí que dentro de nuestras fronteras los productores deben cuidar ciertos aspectos. Por empezar, el pisingallo es un “speciality”, el volumen para comercializar es limitado. Esto significa que los agricultores no deben excederse en la producción. Por año no pueden sembrarse más de 70 mil hectáreas,  porque de lo contrario no tendrían a quién venderla y tampoco podrían colocarla en el mercado interno. La definición técnica sería “demanda inelástica”. 

Otra de las consecuencias está en que traspasar ese límite implicaría un derrumbe de los precios. “Hay que ser muy conscientes a la hora de elegirlo. Hay muchos productores que por ahí se mandan ciegos a producir pisingallo, y es complicado, porque si hay una gran oferta a veces que no lo pueden vender”, señaló Marchioni sobre la armonía que tiene que haber en el sector para que sea rentable. “Largarse sin saber a quién vender sólo afecta el valor del producto”.

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