En la jornada desarrollada en el recinto del Concejo Deliberante, la ronda de testigos comenzó con las exposiciones de Jorge y Lucía Santillán, hijos de María Cristina Lanzilloto y Carlos Santillán. Por último declaró Ramiro Mena, hijo de Ana María Lanzilloto, también desaparecida durante el proceso militar.
Tal como estaba previsto, ayer en horas del mediodía, el recinto del Concejo Deliberante se convirtió, una vez más, en el ámbito en que se desarrollan las audiencias testimoniales en el marco del juicio, por crímenes de lesa humanidad, Saint Amant II.
Aunque la audiencia estaba programada para las 11:30 horas, recién pasadas las 13:00 horas, con la presidencia del juez Vázquez y las vocalías de los jueces Paulucci y Escobar Cello, comenzaron a tomar los testimonios programados con relación al caso Lanzilloto-Santillán.
Tres testigos
La ronda de testigos comenzó con una breve exposición a cargo de Jorge Santillán, hijo menor de María Cristina Lanzilloto y Carlos “Cacho” Santillán.
Durante su exposición, el testigo afirmó que nada recuerda del secuestro que sufrieran sus padres, él y su hermana en noviembre de 1976 por personal de las Fuerzas Armadas. Es preciso destacar que, al momento del rapto, Jorge sólo contaba con poco menos de un año y medio de edad.
Interrogado el testigo sobre los fiscales acerca de cómo sabe él la historia del secuestro, Jorge Santillán aseguró que por los relatos de sus propios familiares. En este sentido y de acuerdo con la declaración del testigo, el rapto se produjo en noviembre de 1976 cuando personal de las Fuerzas Armadas irrumpió en la vivienda que el matrimonio Lanzilloto-Santillán poseía en calle Rivadavia. Desde allí, Cristina y Carlos junto a sus dos pequeños hijos fueron trasladados a una dependencia de la vecina localidad de San Nicolás.
María Lucía
La segunda en prestar declaración fue la hija mayor de María Cristina y de Carlos, María Lucía, que naciera en Buenos Aires el 7 de junio de 1974.
Lo relatado por la testigo es fruto de lo que conoce gracias a los datos aportados por diferentes documentos. Según lo informado por Lucía, los hermanos fueron trasladados junto a sus padres luego de que personal de las Fuerzas Armadas irrumpieran en su casa a mediados de noviembre de 1976.
Tal como lo contara su hermano, Lucía manifestó que la Iglesia en la que fueron abandonados se llamaba Cristo Rey y estaba ubicada en Fisherton en Rosario. Allí una mujer Angélica fue quien se hizo cargo de ellos hasta que sus abuelos paternos los encontraron en febrero de 1977, luego de que Angélica realizara una búsqueda a través de los medios de comunicación.
Acerca del secuestro de su abuelo, que sucedió anterior al encuentro de los hermanos en Rosario, Lucía contó que ella sabe por documentos escritos que dejó Benjamín Santillán (así se llamaba su abuelo) que con motivo de celebrar las fiestas de fin de año, Benjamín arribó a Pergamino. Una vez aquí, el abuelo se dirigió a la casa de calle Rivadavia a buscar a su hijo, su suegra y sus nietos pero que, cuando llamó a la puerta, fue atendido por una niña que le dijo: “le voy a avisar al señor Roca”. Posterior a esto, Benjamín fue detenido, torturado y luego liberado en un descampado.
Crianza
Una pregunta de rigor de parte de la Fiscalía para los testigos fue: ¿Cómo transcurrió su vida sin la presencia de sus padres? A lo que Lucía respondió que tuvo una buena crianza ya que sus abuelos, tíos y primos se encargaron de “cada uno, desde su lugar, suplir la ausencia de mis padres”.
En otro tramo de su discurso, la testigo expresó que “cuando era adolescente pensé que mis padres nos habían abandonado y no quería hablar mucho del tema” pero desde que falleció Benjamín Santillán, su abuelo, comenzó para ella una etapa de investigación. “Mis abuelos guardaban cartas de mis papás y ahí tuve las pruebas necesarias para darme cuenta de que mis papás nos querían. Esto me hizo comprender su compromiso para con la sociedad”.
Por último el abogado defensor de los imputados, el señor Belgrano, solicitó que la testigo ofreciera copias de los documentos y cartas a las que hace alusión Lucía Santillán.
Familia Lanzilloto
El tercer y último testigo de la jornada fue el de Ramiro Mena, en cuyo DNI figura como Ramiro Gagiotti (el último apellido lo posee luego de que su tía materna lo adoptara al desaparecer sus padres). El mismo domiciliado en la localidad de Chepes La Rioja es hijo de Ana María Lanzilloto, hermana melliza de María Cristina y de Domingo Mena.
Haciendo una descripción de sus familiares desaparecidos y víctimas de la dictadura militar, Ramiro Mena contó que el primero en ser detenido, torturado y luego liberado fue Carlos Alberto Lanzilloto (tío del testigo).
Carlos Mario Lanzilloto (tío) tenía un estudio de abogados que había presentado varios habeas corpus por los desaparecidos, ámbito que sufrió atentados de bombas.
Alba Rosa Lanzilloto (tía) fue también detenida y luego liberada que para no ser asesinada tuvo que exiliarse a España hasta que finalizó la dictadura.
Ana y María Cristina Lanzilloto (madre y tía), hermanas mellizas, militantes del PRP que fueron secuestradas. Además el testigo declaró que Ana María al momento del secuestro tenía un embarazo de ocho meses por lo que, Ramiro presupone que tiene un hermano, aún desaparecido, que tiene alrededor de 38 años.
A todos ellos los caracterizó como seres “comprometidos con la comunidad y con sus ideales”.
Ramiro participó por la desaparición de sus padres en el juicio de Campo de Mayo en que fueron condenados varios participantes de la dictadura militar, entre los que se encontraba Santiago Riveros que según Mena fue “el que ordenó inyectarle anestesia a mi papá para luego tirarlo de un avión”.
Orgullo
Por último y recordando el compromiso de sus padres, Mena aseguró que siente una profunda admiración. “La experiencia de lo que les pasó a mis viejos dejó en mí el dolor desgarrador de perderlos y de la manera más violenta de la que uno se puede imaginar. Esto hizo que tomara conciencia, que emprendiera en mi adolescencia, la reconstrucción de mi historia, una historia que después de conocerla hizo que me sintiera orgulloso del coraje que tuvieron mis papás en pos de defender valores tales como la equidad, la nobleza, la solidaridad, la igualdad”, expresó Mena.
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