El emocionado reencuentro del ex juez Rodolfo Urtubey con una madre del dolor

El emocionado reencuentro del ex juez Rodolfo Urtubey con una madre del dolor
El ahora senador nacional volvió a verse con Silvia Iguaray después de haber condenado al policía que asesinó a su hijo a sangre fría en la Masacre de Floresta
SALTA.- Promediaba el mes de diciembre de 2001, el día 29 para ser más exactos, y en el porteño barrio de Floresta, tres jóvenes fueron alcanzados por la bala asesina de un policía, que -molesto por los comentarios que uno de ellos habría realizado sobre un informe televisivo- alcanzó a impactar en tres de los cuatro amigos reunidos en una estación de servicio del lugar.

Tiempos agitados vivía nuestro país luego de la renuncia del presidente Fernando de la Rúa.

Transcurrieron trece largos años desde ese fatídico momento. Silvia Iguaray, la madre de Maximiliano Tasca -una de las víctimas-, concurría como presidente de la Asociación Madres del Dolor a una reunión a llevarse a cabo en el Senado de la Nación.

En un sector del edificio se encontraba el ex juez y ahora senador Rodolfo Urtubey, quien había formado parte del Tribunal que condenó al policía a la pena de prisión perpetua.

Al enterarse de que ella se encontraba allí, un sinfín de recuerdos volvieron a su mente. Extrañas sensaciones lo asaltaron, alternaba en su pensamiento el hecho de reencontrase con aquella mujer que durante un mes y medio –día tras día- vio llorar, mientras transcurría el juicio que finalmente condenó al ex agente de la Policía Federal en la conocida "Masacre de Floresta". Pero al final su corazón pudo más y decidió con pasos cortos pero firmes, acercarse al salón donde ella se encontraba.

Entró sigilosamente. La buscó con su mirada… y ahí estaba. Era aquella mujer que había perdido a su hijo en circunstancias que nunca debieron haber ocurrido, ese fatídico 29 de diciembre de 2001. A medida que se acercaba, el corazón del ex juez comenzó a latir cada vez más rápido. Hasta que sus miradas se cruzaron y se confundieron -sin mediar palabra alguna- en un emocionado abrazo, mientras las demás personas que colmaban el salón observaban sorprendidas la escena, sin alcanzar todavía a entender de qué se trataba. Las lágrimas de ambos se expusieron ante la vista de todos. Nada importaba. La memoria de Maximiliano lo justificaba todo.

El dolor de las vivencias golpeaba la mente de Rodolfo Urtubey, pasaban en pequeños cuadros los momentos de las audiencias, en las que aquella madre, con una pena que jamás quebró su entereza, hilvanaba día a día el juicio que a sus ojos debía parecer eterno. Fue por eso que cuando se encontraron, su emoción no tuvo contención. “Adoro a este hombre”, fueron las conmovedoras palabras de Silvia, dirigiéndose a los demás asistentes.

No cabía lugar para el orgullo –el doctor Urtubey fue el primer juez que se atrevió a dictar la condena perpetua a un agente de la Policía Federal-, tampoco era momento de rencores.

En su lugar, la sorpresa cedió a la emoción inmensa del deber cumplido, al alivio que confiere la Justicia y al saber que el amor de esa madre se canalizó en las ansias de trabajar por las víctimas de la violencia y en defensa de la seguridad de los ciudadanos. Incomparables ideales que aún hoy, el senador Urtubey abandera en el Parlamento nacional.

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