Un emocionado minuto de silencio recordó a las víctimas

Fue ayer a las 14.46 cuando se cumplió una semana del sismo y tsunami.

Miles de evacuados, fuerzas de rescate, funcionarios locales, todo el mundo detuvo por un minuto su vida ayer a las 14.46 horas para rendir homenaje a las víctimas del terremoto y del tsunami que asoló el noreste de Japón. A esa hora se cumplía una semana exacta desde el inicio de la catástrofe, cuando la brutal sacudida de la tierra originó una ola gigante de 10 metros de altura que lo engulló todo a su paso, convirtiéndose en una de las imágenes más devastadoras que jamás se han emitido en televisión.

Algunos con rostros emocionados, otros con gesto decidido, todo el mundo en la zona afectada por el desastre trató de canalizar sus sentimientos en ese minuto de recuerdo y tristeza. En las grandes ciudades hubo grupos de personas que se pararon de repente en la calle, con el fin de mostrar su respeto por los 6.911 fallecidos y 10.966 desaparecidos que se han podido confirmar hasta el día de hoy.

“La escalada sin precedentes que trajeron el terremoto y el tsunami fue, hablando honestamente, una de esas cosas que a veces ocurren y para las que no hay un protocolo de actuación en nuestro Plan de Gestión de Emergencias”, se excusó el vocero del gobierno, Yukio Edano, en una mezcla de disculpa velada y negación de responsabilidad. “Echando la vista hacia atrás, nos podríamos haber movido un poco más rápido a la hora de valorar la situación, coordinar toda la información y proveerla a los ciudadanos más rápidamente”, afirmó. El papel del gobierno en esta crisis ha sido fuertemente criticado tanto en Japón como fuera de sus fronteras. Incluso dos ministros franceses dijeron días atrás que Tokio mentía cuando trataba de disminuir la magnitud de la tragedia en la planta nuclear de Fukushima, un asunto de gravedad tan extrema que fue capaz de convertir el drama del tsunami en un asunto secundario.

Luego de una semana totalmente asfixiado por los acontecimientos, el gobierno japonés comienza a buscar soluciones más drásticas y rápidas que echar agua a los reactores de Fukushima. La más sopesada: enterrarlos.

Aunque la cifra de víctimas por la crisis de Fukushima es relativamente baja, los 17.665 muertos y desaparecidos por el tsunami y el terremoto, más las decenas de miles de personas cuyo futuro es una incógnita, han hecho de esta semana la más trágica para Japón desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Sobre el terreno, infraestructuras vitales básicas como carreteras, aeropuertos y puertos están empezando a ser restauradas. El mejor ejemplo es el aeropuerto de Sendai, abierto ya a los vuelos de la fuerzas de rescate . Sin embargo, la entrega de productos de primera necesidad a las víctimas sigue siendo muy complicada debido a la escasez de víveres y combustible, un problema crónico desde que comenzaron las operaciones de rescate.

Las autoridades anunciaron ayer que se descarta encontrar más supervivientes del tsunami y que los esfuerzos de los equipos de rescate e centrará ahora en asistir a las víctimas (380.000 evacuados por toda la zona norte) y proceder con las descomunales tareas de desescombro. Tokio decidió distribuir 600 millones de dólares de sus reservas para cubrir los costos del combustible de los equipos de salvamento.

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