De las 60 hectáreas que tenía en sus inicios, a este espacio verde sólo le quedan 9 y su condición es más que penosa. Aseguran que la ciudad tiene cinco veces menos metros cuadrados verdes por habitante de lo recomendable.
El legislador del Frente Salteño hizo notar que el degradado parque es el único y gran “pulmón verde” que tiene la ciudad de Salta, por lo que pertenece como alternativa de recreación y calidad de vida a los salteños y a los turistas que llegan desde diferentes puntos del país y el exterior.
El doctor en ciencias geológicas que integra la Comisión de Medio Ambiente de Diputados recalcó que el Parque San Martín es la puerta turística de entrada a Salta y la segunda impresión del viajero una vez que cruza el Portezuelo, tras lo cual aclaró que es un patrimonio material e histórico de todos los salteños, y no de gobernantes ni funcionarios de turno. En este contexto, afirmó que la habilitación de distintas clases de construcciones extrañas a la finalidad de un parque verde y recreativo es una responsabilidad meridiana de las autoridades.
Alonso lamentó que de las 60 hectáreas que conformaban el parque a principios del siglo XX, hoy queden apenas nueve. Advirtió que mientras a nivel mundial se aconsejan entre 8 y 10 metros cuadrados, por habitante, de espacios verdes, en Salta esa relación no supera 1,5 metros cuadrados, o sea cinco veces menos que los estándares internacionales.
El legislador que impulsa la declaración de emergencia del parque capitalino reseñó que su degradación se remonta a mediados del siglo XX, pero se aceleró de modo ostensible en los últimos años con la invasión de centenares de quioscos cerca del lago y el Museo de Ciencias Naturales. Marcó como excepción positiva los puestos de venta de libros emplazados sobre calle Lavalle, que dan un nota de color y cultural.
Progresivo deterioro
Sobre el paulatino deterioro del Parque San Martín, Alonso apuntó que en la década de 1950 el espacio verde comenzó a ser devorado por la construcción de barrios residenciales, mientras que en la siguiente década perdió más espacios por la terminal de ómnibus.
En la década de 1970, añadió el diputado, se destruyó una parte de su arboleda para instalar un “tobogán gigante” de corta y desafortunada vida. En la década de 1980 se instaló en su actual extremo este la estación del teleférico y, a metros de allí, se habilitó un restaurante luego demolido.
Alonso apuntó que en los últimos tiempos el arrinconamiento del Parque se completó con la multiplicación de actividades marginales y cientos de puestos ambulantes.
Alonso advirtió que dentro del Parque San Martín se autorizaron gasoductos de alta presión, tendidos eléctricos aéreos, puestos de comida al paso, baños químicos, puestos de venta fijos, playas de estacionamiento, perforaciones de agua, quioscos de toda naturaleza, múltiples negocios y arterias de alto tránsito, como la avenida San Martín.
Alonso resumió que el único parque de la capital se convierte, en ciertos días, en cancha de fútbol, baño público, dormitorio de indigentes. En este marco, denunció que el lago recibe los desechos de comida de los puestos cercanos, suciedad de bolsas y otros residuos, con la consecuente pérdida de la calidad del agua que afecta a las especies que allí viven (peces, patos y otras aves). “No puede ser que el parque sólo esté destinado a seguir los ritmos de la naturaleza, convirtiéndose en un tierral de pasto seco en el invierno y en un yuyaral en el verano”, enfatizó.

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