El Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén muestra por estos días una notable actualidad desde su enfoque artístico, con la exposición de obras de Diana Dowek.
La muestra de Dowek conmueve desde su lucidez política. Rara vez un puñado de obras consigue el propósito de dejar un mensaje tan claro. Y es importante que ese mensaje surja desde una ciudad y una provincia relativamente nuevas en la historia nacional, que comienzan a ser, a veces sin conciencia de ello, una especie de vanguardia que señaliza el rumbo que tomará la sociedad argentina.
Dowek junta en esta exposición armada especialmente para el MNBA Neuquén los elementos del descalabro argentino. La fuerza de la represión contra el pueblo, y la fuerza del pueblo para superar esa represión; los símbolos alambrados y cercados de la censura y del engaño; el derrumbe de las instituciones sin que signifique el apocalipsis, sino apenas otro signo de los cambios permanentes.
La pintura-instalación que donó Dowek al MNBA Neuquén.
Es un acierto del Museo y de su director, Oscar Smoljan, esta persistencia en hacer del museo neuquino una permanente herramienta de actualización artística comprometida con los vaivenes sociales del mundo y de América en particular. Vale destacar esta connotación que ya tiene el MNBA Neuquén en la consideración del mundo del arte, como una casa capaz de reunir las vanguardias y lo clásico con una maravillosa simplicidad.
A la muestra de Dowek en la sala de exposiciones central, le corresponde y complementa una muestra puesta en la zona de confitería y acceso al auditorio del Museo, con obras de fuerte impacto de un artista muy original como es Martín Villalba.
Villalba vive y trabaja en la región, y exponer en el MNBA es sin duda un logro muy importante, no solo para él sino, fundamentalmente, para los neuquinos que visitan el museo y puede constatar cómo es de cierta la actualidad artística por estos lares. Las obras zoológicas de Villalba, con sus escalas de verdes selváticos en plena Patagonia, como una fenomenal alusión a lo que esta tierra fue hace milenios, sorprenden con una carga a la vez ingenua e inquietante.
Las obras de Villalba en la zona de confitería del Museo.
Cualquiera que pasee un rato por el Museo neuquino de arte más importante que jamás tuvo la provincia, podrá constatar su vigencia y a la vez su crecimiento, con donaciones muy importantes que han hecho crecer el patrimonio cultural de la ciudad, muchas veces de manera callada, sin altisonancias.
Dowek, por ejemplo, deja para el MNBA una impactante obra de gran tamaño que es al mismo tiempo una pintura y una instalación, con el Congreso Nacional avasallado por las aguas de un tsunami, clara alusión metafórica de total vigencia hacia nuestras instituciones, y al mismo tiempo, mensaje que puede interpretarse literalmente si se tiene en cuenta la recurrencia trágica de las inundaciones porteñas.
En fin: está muy claro que el arte en Neuquén tiene una casa privilegiada, que ha llegado a este estatus con trabajo y por esfuerzo propio, con inteligencia y sensibilidad, y también por un factor desacostumbrado en Argentina: la continuidad que solo puede asegurar una política de Estado.
Ojala se tome nota de lo importante que es todo esto, para que no sea dilapidado por el descuido, o la negligencia, o la simple distracción salvaje que suele también distinguir a nuestra cultura.
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