"EE.UU. va perdiendo influencia en Irak"

La Casa Blanca espera que el chiita laico Ayad Allawi sea elegido primer ministro, pero según el historiador Juan Cole, Irak seguirá bajo gobiernos de carácter religioso. El país dejó atrás la guerra civil mientras la violencia política aún se cobra su cuota diaria.
El historiador norteamericano Juan Cole, autor de Engaging the Muslim World y decenas de ensayos sobre Oriente Medio, repasa la situación de Irak antes de las elecciones legislativas y el futuro inmediato. En su opinión, la invasión fue un error que la geopolítica norteamericana continuará pagando por muchos años.

–¿Qué diferencia a estas elecciones de las de 2005? ¿Qué ha cambiado en Irak?

–El primer gran cambio es que los árabes sunnitas, el 20% de la población, retiraron su apoyo a los partidos religiosos en favor de agrupaciones seculares. Un beneficiado es el ex primer ministro Ayad Allawi (2004-2005) que, pese a ser musulmán chiita, formó una coalición con varios partidos sunnitas seculares.

El apoyo político intersectario es un cambio. Los sunnitas boicotearon las elecciones de 2005 y los religiosos chiitas ganaron.

En las áreas sunnitas hay un giro hacia el secularismo que no se da entre los chiitas. Los partidos religiosos siguen siendo populares entre ellos debido a la influencia iraní y como reacción a las décadas de dominio sunnita con Saddam Hussein.

–¿Cuál es el rol de Irán?

–Muchos nacionalistas chiitas en Irak no quieren saber de Irán, pero la mayoría lo ve como un amigo. Es un problema para cualquier gobierno norteamericano. Estados Unidos va a retirar sus tropas, pero sería una pesadilla para Washington si después el gobierno de Bagdad se convierte en un satélite de Irán. La Casa Blanca espera que el partido Lista Nacional de Irak, de Ayad Allawi, gane porque esa coalición secular de sunnitas y chiitas sería menos amistosa con Irán.

–A siete años de la invasión, ¿qué autonomía de EE.UU. tiene el sistema político iraquí?

–Avanzó mucho. Es notorio que durante este tiempo los iraquíes hicieron política de una manera relativamente independiente. La administración Bush no quería que los religiosos chiitas llegaran al poder en 2005. Puso mucho dinero para apoyar la alternativa secular de Allawi, y no logró que ganara.

Muchos políticos iraquíes tienen lazos estrechos con Irán, denunciaron la ofensiva israelí en la Franja de Gaza. No actúan como marionetas, y ahora que las tropas extranjeras se van, se volverán más independientes.

La influencia de EE.UU. sobre Irak está decayendo. El país tiene su propia fuente de ingresos con las exportaciones de petróleo.

Su ejército se desempeña, digamos, bien. Hay seguridad, pero puede responder a gran parte de las acciones de la insurgencia.

–Todavía estallan coches bomba, ¿la violencia es parte inseparable de la vida política de Irak?

–La violencia política de los años anteriores era la manifestación de la guerra civil. Ahora es la protesta de algunos sectores sunnitas que perdieron esa guerra civil, y no tendrá mayores consecuencias.

Hoy, el lugar más violento del país es la provincia norteña de Nínive. Su capital, Mosul, tiene dos millones de habitantes y más de la mitad son sunnitas, aunque hay una poderosa minoría kurda. La violencia política en Mosul es el reclamo sunnita por un mayor control de su vida política, no aceptan la idea de un gobierno nacional chiita desde Bagdad.

El poder en Irak está hoy compartido entre los partidos religiosos chiitas y los kurdos.

–¿No hay riesgo de que violencia que lleve a otra guerra civil?

–No. Los sunnitas están derrotados y no tienen ni la capacidad ni la voluntad de iniciar otra guerra civil. Por eso, muchos se acercan a Allawi. Muchos de ellos no creían que fueran minoría en Irak y lanzaron la guerra civil contra los chiitas. Ahora son más realista. En un país de mayoría religiosa chiita, los sunnitas podrían recuperar poder estando cerca de los chiitas seculares.

–¿Cuál es su conclusión después de estos años desde la invasión norteamericana de 2003?

–Irak va a seguir con gobiernos chiitas. Si Allawi llega a primer ministro cambia todo, porque tiene buenas relaciones con los países del Golfo. Pero si los religiosos chiitas rearman su actual coalición tras las elecciones, seguirán afinando lazos con Irán.

Mientras los religiosos chiitas tengan influencia, la geopolítica norteamericana tendrá motivos para preocuparse.

Algunos en EE.UU. esperaban que Irak reconociera a Israel y le exportara petróleo, pero eso no va a ocurrir. Esperaban que los chiitas se secularizaran y conttuvieran a Irán. Tampoco sucederá. Más aún, la fortaleza de los chiitas en Bagdad anima a los chiitas en kuwatíes y saudíes, e introduce inestabilidad en el Golfo.

Desde un punto de vista geopolítico, esta historia fue un gran error de EE.UU. Ayudó a Irán, no a Israel. La invasión y ocupación convirtió a Irak en un Líbano.

El auge de lo étnico y lo religioso en la política lo convirtieron en un país de minorías. Como en Líbano, su estabilidad política es frágil. Irak se convirtió en una fuente de inestabilidad en Oriente Medio y va a seguir así por mucho tiempo.

Comentá la nota