Graciela Frigerio, reconocida pedagoga argentina, trabaja desde hace años en diferentes proyectos en la provincia. Es doctora en Educación en la Universidad de La Sorbona (París, Francia) y analizó la situación del sistema educativo argentino, destacó los avances en la provincia y se refirió a los desafíos de la escuela inclusiva.
Al momento de valorar la implementación de la nueva ley de educación nacional tuvo sus reservas sobre la manera en la que se aborda el cambio. La directora de la Maestría en Educación que se dicta en la Universidad Nacional de Entre Ríos comentó que inició el trabajo en la provincia con un proyecto llamado Huellas, Trazos y Trazas para Pensar con Otros, que la vinculó con docentes que querían escribir sobre experiencias y problemáticas cotidianas que los habían marcado. “Fue un trabajo muy conmovedor porque se crearon espacios de confianza para discutir los problemas que los maestros encuentran cada día en las aulas”, mencionó.
Está trabajando en los Trayectos de Producción Pedagógica (TPP), espacios que reúnen a maestros, profesores de los profesorados y estudiantes de las carreras docentes. “Es un dispositivo inédito que apunta a tomar en consideración una problemática histórica del sistema educativo, como es la formación docente, y pone en marcha una estructura triangular muy interesante y potente”, contó.
La norma y la Nación
“Las acciones que se están realizando a nivel nacional no confluyen a cambiar el panorama del sistema educativo”, señaló la pedagoga y agregó: “El sistema educativo argentino es un sistema desmigajado, sin solidaridad intrasistémica, tiene puntos críticos muy serios como la educación secundaria, que tiene problemas que se han hecho evidentes. Y aunque uno pueda discutir el sistema de PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes) hay algo de lo que está pasando en el sistema educativo que no es satisfactorio ni está a la altura de las expectativas. Una política educativa nacional necesita poder pensar el sistema educativo y hacerse cargo de los desafíos de construirlo a partir de la situación en la que lo deja el modo en que se implementó la ley federal. Y a mí me parece que aquí hay mucho pendiente”.
—¿Cuál es la principal traba?
—En general hay una dificultad para hacerse cargo de la necesidad de transformar el formato escolar y admitir que el sistema educativo no va a tener cambios mientras pensemos en términos de rebautizar o de aggiornar propuestas curriculares o de organizar en paralelo proyectos para algunos sujetos que deberían estar adentro de las escuelas.
—¿Cómo evalúa la nueva ley y su implementación en el país?
—Me parece que uno no se puede hacer un correlato entre la ley y un cambio porque no es así como opera en la realidad; y, por otro lado, es una ley que ofrece algunas modificaciones pero, a la luz de algunas cuestiones, conserva mucho el espíritu que estaba en la ley anterior. En todo caso, uno puede decir que rebautizar los niveles del sistema es un gesto no menor, porque las palabras no pueden sernos indiferentes, pero también sabemos que con eso no alcanza para dotar de significados compatibles, actuales, vigentes, pertinentes y legítimos para estos tiempos. A mi modo de ver, hay a nivel nacional mucha cosa pendiente. No está presente de forma contundente una cuestión que nos indique que acá hay una política educativa que apunte a resolver o subsanar problemas históricos del sistema.
—¿Cuál es la principal fortaleza que tiene la provincia en educación?
—Me parece que hay un conjunto de docentes con mucha capacidad pedagógica. Se trata de recuperar ese pensar pedagógico y admitir la capacidad de producción pedagógica que tienen los docentes, y en los últimos años se realizaron acciones tendientes a ese gesto de reconocimiento. Me parece también que ha habido un reordenamiento de muchas cosas como los concursos, las titularizaciones, y hay un esfuerzo de repensar aspectos vinculados a cuestiones curriculares, pero aunadas a dispositivos de transmisión y puesta en práctica. Hay una serie de elementos que dicen que hay un camino que se está haciendo y en educación eso es muy importante. Hay también una disposición a escuchar, conversar y aceptar distintos tipos de opiniones. Y eso no me parece un tema menor.
—¿Y qué debilidades encuentra? ¿Hay algo que deba profundizarse?
—No puedo decirlo porque implicaría una posición de soberbia. Veo que hay muchas cosas que se están trabajando colectivamente. Las relaciones en la escuela.
—Al pensar los desafíos en educación surge como uno de los temas principales la obligatoriedad del secundario. Cuando uno habla con los docentes de nivel medio ve una gran preocupación porque sienten que en esta tarea de incluir, contener y atender a las necesidades se relega la enseñanza en sí misma.
—Hay que dar de comer porque es un gesto solidario, yo no entiendo que ahí se desvirtúe el sentido de lo escolar. El desafío es responder a la obligatoriedad en el marco del derecho a la educación. Uno no puede decirle a un niño ni a un adolescente que tiene derecho a la educación y que ese derecho consiste sólo en estar obligado a asistir. Si un niño tiene derecho a la educación significa que asistiendo se le va a ofrecer todo lo posible para que tenga acceso al mundo. Ese es el mayor desafío e implica poner en acto otras relaciones.
Refacciones
Desde diciembre del año pasado, el Ministerio de Educación provincial le asignó a Rosario 4.910.459,62 pesos, que fueron destinados a 62 escuelas para la instalación de ventiladores, reparación de baños, adquisición de conjuntos unipersonales y refacción de las instalaciones eléctricas y de gas. A nivel provincial el total de recursos asciende a $35 millones.
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