En un comunicado de prensa, la Asociación Sanluiseña de Docentes Estatales (ASDE) hizo un análisis del particular año que vivieron los educadores proviniciales.
En otro párrafo, comienza a tirar dardos: "El entusiasmo fue grande y enorme fue el sacrificio para mantenernos juntos, por más de un mes, en las calles. Tuvimos rompehuelgas en nuestras filas: no fueron los compañeros de escuelas los grandes boicoteadores, sino algunos dirigentes".
Y continúa: "Todos lo sabíamos y todos los cuidábamos; había que preservar esa unidad tan frágil que nos escudaba… Y lo logramos. Fue así que el que “garantizaba el inicio de clases” fue a la huelga presionado por sus bases; fue así que el que paraba sólo un par de días cada año como para “mantener la imagen” anunció paro indeterminado, y también fue así que el que se sentía superior y parte de una “élite” se golpeó el pecho y bajó de su pedestal, aunque con reparos. Pero lo que es forzado lleva la muerte en su entraña, y esa lucha obligada, motorizada por miles de docentes que dejaron salario y familia tras la justa reivindicación, fue traicionada".
Luego, el gremio se despacha: "El precario equilibrio que decenas de veces fue sostenido a fuerza de pasión finalmente encontró la ocasión de romperse en una mesa que pronto se mostró despreciable, pues renegó del esfuerzo y la alegría y entregó lo reclamado… y más. Llegamos así a mediados de año, previo cesantías y sumarios, con una mesa de negociación amputada que dilataba acuerdos y apostaba al cansancio y la asfixia económica.
Finalmente, un negro 25 de junio, librados por la salida de ASDE del disimulo, los dirigentes de Uda, Utep y Sadop acordaron lo impensable:
- No el pago de las guardias sino el cierre de las escuelas albergue
- No el pago de la zona sino la re-zonificación que conlleva su desaparición
- No el pago de los dos cargos sino la imposibilidad de tomarlos y, tras ello, el descuento para los desobedientes, el achique en diez días de la licencia anual y la imposibilidad de hacer más huelgas.
La parálisis que semejante revés económico y moral produjo en el sector más combativo de los trabajadores se extendió como una mancha venenosa a toda la sociedad, que acompañó con simpatía y esperanza el coraje de exigir lo justo.
Y llegamos a fin de año con el Acuerdo hecho “Ley para la Actividad Docente”, con la creación de Escuelas Digitales, con un concepto docente que prioriza la asistencia a la preparación académica, con nombramientos “a término“ contrarios a la ley y con decretos que demoran seis y siete meses en firmarse, privando de salarios y obra social a los docentes".
Mas tarde concluye: "Un año agridulce que empezó bien y terminó mal; una experiencia maravillosa y terrible que nos permitió conocernos y reconocernos, y que cambió el panorama docente – y también político- para siempre.
Somos los Grandes Protagonistas y los Grandes Castigados del 2010. Podemos quedarnos con el sabor del castigo o podemos aprender. Podemos resignarnos a la obediencia y las migajas o podemos prepararnos mejor. Podemos capitalizar la enorme red solidaria que construimos o dejarla arrumbarse y darnos por vencidos.
La decisión- como a principios de año- es individual. Ya no está el canto de sirena de la unidad…está la voz cruda de una realidad fragmentada que puede reconstruirse paso a paso, porque está documentada. La unidad nos hace fuertes, quién lo duda…pero la unidad indiscriminada, envenenada por su falta de autenticidad y de intereses comunes, nos debilita, corroe y amenaza.
La salida es difícil pero no imposible. Nosotros ya elegimos. Elegimos crecer y hacernos fuertes, elegimos organizarnos y prepararnos. Probablemente lleve más tiempo que el que nos gustaría…sabemos de eso.
Ya lo vivimos cuando decidimos dejar los paros locales y trabajar para lograr un paro provincial; ya lo vivimos luego cuando elegimos dejar de hacer paros simbólicos y trabajar por una medida fuerte y sostenida.
Llevó años lograrlo pero lo hicimos. Hemos recorrido un largo y duro camino… las derrotas fueron aprendizaje y la experiencia nos hizo crecer".
"La experiencia de ser Uno en reclamo y sentimiento nos desbordó el alma, pero la posterior amargura de ver desvirtuado el mandato nos heló la alegría y paralizó el entusiasmo. Queda levantarse y andar… o vivir arrodillados. En ASDE ya elegimos la dignidad, aunque duela sostenerla".
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