Por: Alcadio OñaFuente: SECRETARIO DE REDACCION DE CLARIN
Es sabido que ninguna economía puede funcionar sin crédito o con tasas de interés muy altas: sencillamente, porque eso traba su funcionamiento. El punto es que tal cosa ocurre hoy en la Argentina, que el proceso se ha acentuado en las últimas semanas, le pega a las empresas y no tiene fin claro a la vista.
Aunque larvada, la pérdida de depósitos empieza a instalarse en el sistema financiero. Obliga a las entidades a empinar las tasas para retener ahorristas y a pagar por plazos fijos corrientes un 20% anual. En el caso del BCRA, juega la intención expresa de que el dólar no pase de 3,33 pesos.
En la misma dirección operan otras políticas sobre el mercado, aunque no precisamente "de mercado". Como la presión que desde varios despachos oficiales se ejerce sobre bancos y empresas, para que no compren divisas o vendan posiciones adquiridas en estos días.
Nadie ignora, ya, que el temblor cambiario y su correlato en las tasas es un efecto de la incertidumbre que se creó tras la improvisada decisión de estatizar el sistema previsional. La economía estaba en proceso de desaleración, pero ahora se agregó un clima de expectativas que plancha decisiones de empresarios y consumidores. Manejar las expectativas es una ciencia compleja; mucho más, en tiempos complejos. Y esto también se sabe.
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