Afirman que el paco se instaló en lugares tan extraños como La Poma o Payogasta. En el interior el alcoholismo se naturalizó. Los especialistas hablan de ausencia de proyectos, pérdida de valores y una evidente falta de límites por parte de los chicos.
Esta es una conclusión del trabajo diario realizado durante 4 años por la Dirección de Relaciones con la Comunidad, que depende de la Secretaría de Seguridad de la Provincia, en Capital y en el interior, que hace hincapié en la importancia de la prevención y en la concientización sobre las conductas que inducen a la violencia
en las escuelas.
La directora de Relaciones con la Comunidad, la licenciada Cristina Lozano, en diálogo con El Tribuno, remarcó
que lo que predomina entre los alumnos de toda la provincia es el consumo de alcohol y de drogas, sobre todo de paco.
Lozano viene trabajando desde hace cuatro años junto a otras dos especialistas en talleres y charlas de prevención de violencia escolar en las instituciones educativas de casi todo el territorio provincial. Ellas realizan, en primer lugar, un diagnóstico sobre la comunidad donde actuarán y luego efectúan una propuesta de acción para trabajar en la institución educativa.
En dichos instrumentos pedagógicos proyectan películas, publicidades, fragmentos de textos, poemas que son
utilizados como disparadores para develar los pequeños indicios sobre las problemáticas que aquejan a los niños y a los adolescentes.
En la gran mayoría de las instituciones visitadas salieron rastros del consumo de paco y de la venta de esta
droga en las cercanías de las instituciones educativas. Lozano asegura que hasta en lugares más insospechados como La Poma o Payogasta hay indicios sobre el consumo de esta sustancia.
Mucho más grande es el consumo en instituciones de Capital y en ciudades del norte provincial como Orán y
Tartagal.
Flagelos
“El alcoholismo está naturalizado”, dice la psicóloga Mariela Velázquez Pacheco que trabaja junto a Cristina Lozano. La profesional asegura que es en el norte donde este flagelo está visto como algo muy común.“Es muy natural ver a niños de 12 años consumiendo alcohol puro”, dice Velázquez Pacheco.
“Es un flagelo que está dentro de la familia donde ya es cultural y la tarea nuestra es desnaturalizar esas prácticas”, finaliza la psicóloga. En estos contextos la violencia también se naturaliza y entra en contacto
con otros flagelos con los cuales se relacionan y complementan.
Ya desde muy temprana edad los noviazgos son muy problemáticos justamente por las mismas concepciones
de familia, lo que termina ocasionando que exista violencia de género desde las primeras relaciones. Desde muy pequeños, a los niños (y también los padres) les enseñan a “defenderse” y eso también origina violencia.
Así, cuando surge alguna diferencia es muy habitual que los niños actúen con violencia. De alguna manera, la violencia instalada en las escuelas proviene en su gran mayoría de las familias y la pérdida de valores, de la naturalización de algunas prácticas, y de una cultura con una gran ausencia de proyectos de vida en donde se valora lo efímero y lo banal.
La diferencia incita la violencia
Para los chicos la diferencia asusta e intimida. El diferente es rápidamente atacado o segregado. Lo físico, la procedencia y el origen disparan el ataque. Los estudiantes no aceptan al que es distinto o al que se destaca en algo; para bien o para mal. La persona “linda” o el que pasa siempre a la bandera también susceptible a sufrir agresiones.
La intolerancia también se manifiesta en aquellas personas que tienen alguna particularidad física.
En menor medida se ataca al inmigrante, o que tenga rasgos de extranjeros. Lo que no existe en nuestra provincia son demasiados problemas con las diferencias religiosas.
Otro punto de vista
Por otro lado, la psicóloga de Betania, Sonia Guijarro, dijo que para los casos de los chicos que van al colegio el paco es sinónimo de deserción. “Los chicos adictos a esta sustancia generalmente dejan el colegio. Al aumentar
la frecuencia del consumo, comienzan a vivir para eso y dejan todo de lado; entre esas cosas la escuela”, aseguró la profesional. En el mismo sentido aclaró que la responsabilidad no es sólo pedagógica. “La responsabilidad es familiar y personal.
Inicialmente cada uno busca la sustancia.Cierto es que hay presión de grupo pero, y esto lo digo personalmente, cada uno tiene que correr con su propia responsabilidad”, concluyó la psicóloga.
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