Sucedió ayer al mediodía cuando se dirigía a su casa. Dos mujeres la abordaron y le habrían rociado algún narcótico para doparla.
María Cristina Casarigo, esposa de Traverso, caminaba hacia su casa, ubicada en el barrio “Eusebio Marsilla”, cuando una mujer que simulaba ser una monja, se le acercó y le solicitó información para llegar al asilo de ancianos. A los pocos segundos, una segunda mujer, robusta y de unos 60 años, se acercó a ellas.
Es en este punto cuando la información se vuelve confusa. Por un lado está la versión brindada por Traverso y por el otro la denuncia realizada por la damnificada.
Según lo manifestado por el dirigente, a su mujer le habrían rociado algo en la cara, posiblemente un narcótico comúnmente conocido como “burundanga”. El relato que la víctima le hace a su marido es confuso: no recuerda por qué camino estaba regresando pero si le confirma que las mujeres la habrían conducido a su vivienda.
Casarigo tampoco recuerda -según Traverso- cómo y por qué les entregó a las ladronas los 3.500 pesos, los anillos, la cartera y un teléfono celular. Por este motivo, su marido concluye que su mujer fue narcotizada.
Por otra parte, y siguiendo lo que su esposa le narró, una de las mujeres le dijo que le comprara un alfajor y en ese preciso instante las dos desconocidas desaparecieron.
Traverso, que estaba trabajando en su campo, fue contactado por un hombre que vive a pocas cuadras de su casa, quien le informó que su mujer necesitaba ayuda.
Lo que dice
la denuncia
Según fuentes policiales, la denuncia de la víctima difiere en algunos puntos con el relato brindado por su esposo. María Cristina Casarigo habría expuesto ante los efectivos que se acercaron a su casa a tomarle declaración, que no le tiraron nada en la cara.
Explicó que las mujeres la acompañaron hasta la puerta de su casa, pero que nunca ingresaron a la misma, y que una de ellas le preguntó si no tenía dinero para jugar o comprar fichas de casino. Fue en ese instante que ingresó a la vivienda y, tras algunos minutos, regresó con los 3.500 pesos, entregándoselos a las desconocidas. Cuando se fueron, Casarigo se dio cuenta que le faltaban los anillos.
En lo único que coinciden las versiones es en el hecho de que eran dos mujeres, y que una de ellas tenía aspecto de religiosa.
Lo que no explicó la mujer en la denuncia, fueron los motivos por los cuales entregó el dinero, y cuándo le sacaron los anillos.
Además de la presencia policial, un médico se acercó a la vivienda para constatar el estado de la mujer. Según lo manifestado por su marido, le habrían dado un sedante por el estado de nerviosismo que presentaba.
“No quiero que me cobren
más la tasa de seguridad”
En diálogo con LA VERDAD, el productor agropecuario y dirigente político, mostró su indignación. Se preguntó para qué se le cobra al vecino la tasa de seguridad, “si nos roban todos los días, para qué sirve esa tasa. Nadie hace nada”, remarcó.
Instó a los vecinos de Junín a dejar de pagar la tasa porque la considera inútil. “Ponen cámaras por todos lados y no revuelven nada. Alguien tiene que tomar alguna medida, esto no puede seguir así”.
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