Fue víctima de un violento robo en Bariloche. "Estamos aterrorizados", dijo Claudia Parsons.
"No sabemos qué vamos a hacer", sostuvo la mujer. "Esto se podía haber evitado", afirma, resignada y con la voz quebraba por la amargura y la impotencia. "Estamos aterrorizados", confiesa más adelante.
"Río Negro" estuvo con Claudia y recorrió lo que quedó de la casa. La imagen es desoladora. Cocina, termotanque, colchones y ropa quemada y tirada por el suelo. Un freezer, un mostrador y una caja registradora destruida por el fuego es todo lo que quedó de la pequeña despensa.
Claudia, de 31 años, asegura que la vida de su familia era normal hasta que su marido, Pablo, observó la noche del 7 de abril cómo dos jóvenes conocidos disparaban contra una vivienda, ubicada en el barrio El Progreso, distante a pocas cuadras del 28 de Abril.
Uno de los disparos impactó en la cabeza de Paula Vera, de 28 años. La joven murió cinco días después.
Desde ese momento, la vida de Claudia y su familia se transformó en un infierno. Jóvenes portando armas de fuego pasaban por el frente de su casa con frecuencia para amenazar a su marido para que no contara nada.
Escuchaban detonaciones. Tuvieron que encerrar a sus cinco hijos (un varón de 11 y cuatro nenas de 9, 7, 6 y 4 años) en una pieza para protegerlos.
Su marido cubrió con bloques de cemento la ventana de la habitación. "Mi marido les puso la televisión y el cable en la pieza y ahí pasaban todo el día jugando encerrados", relata. "'Papá, ¿nos tiramos al piso?', preguntaban mis hijos cuando escuchaban las detonaciones en la calle o el ruido de motos", aseguró la mujer.
El lunes al mediodía, personal de la Comisaría 28ª detuvo a dos peligrosos jóvenes. Uno de ellos, Sebastián "Mecha" Aravena, está sospechado de ser el presunto autor del homicidio de Vera y de Hugo Alberto Báez Guerrero, quien murió de un disparo en el pecho la noche del sábado.
Horas después, un grupo de jóvenes quemó la casa de Claudia. El ataque lo perpetraron alrededor de las 23.30. Claudia y su familia, por fortuna, se habían retirado. Los atacantes se llevaron electrodomésticos y lo que no pudieron robar, lo quemaron o destrozaron. También robaron 2.000 pesos.
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