Dramático llamado de Mons. Torrado a preservar la paz en la República

Dramático llamado de Mons. Torrado a preservar la paz en la República
“Queremos una Argentina en paz, queremos ser hombres y mujeres de paz, queremos que en nuestra sociedad, desgarrada por tantas divisiones y conflictos, estalle la paz”, dijo el prelado.

En plena sintonía con el papa Francisco me animo a parafrasear y aplicar algunas de sus ideas y palabras a estos acontecimientos dolorosos que estamos viviendo en nuestra patria.

Un grito, con creciente angustia, se levanta en todos los argentinos honestos, en cada corazón, en la única gran familia: ¡el grito de la paz! Es el grito que dice con fuerza: queremos una Argentina en paz, queremos ser hombres y mujeres de paz, queremos que en nuestra sociedad, desgarrada por tantas divisiones y conflictos, estalle la paz; ¡nunca más la violencia! La paz es un don demasiado precioso, que tiene que ser promovido y tutelado.

Estamos viviendo con particular sufrimiento y preocupación las numerosas situaciones de conflicto que hay en nuestra tierra, pero, en estos días, nuestro corazón está profundamente herido por lo que está sucediendo en nuestra patria coincidiendo con la efemérides de la celebración de los treinta años de democracia.

Todos debemos hacer un fuerte llamamiento a la paz, un llamado que debe nacer de lo más profundo de nuestro interior. ¡Cuánto sufrimiento, cuánta destrucción, cuánto dolor ha ocasionado y ocasiona el uso de la violencia en la Argentina, especialmente entre la población más vulnerable! Todos debemos condenar con especial firmeza el uso de la violencia. Todavía tenemos fijas en la mente y en el corazón las terribles imágenes de estos días que nos recuerdan tantos hechos dolorosos de otros tiempos, que pareciera que se repiten cíclicamente entre nosotros. El Adviento nos recuerda que hay un juicio de Dios y también un juicio de la historia sobre nuestras acciones, del que no se puede escapar nadie, seamos responsables en nuestras acciones.

El uso de la violencia nunca trae la paz. ¡La violencia llama a la violencia!

¿Qué podemos hacer nosotros por la paz? A todos nos corresponde la tarea de establecer un nuevo sistema de relaciones de convivencia basadas en la justicia y en el amor. Se trata de construir un nuevo humanismo que lleva a un nuevo orden social, que no se basa en la fuerza sino en la justicia, el diálogo y el amor.

¡Que una cadena de compromiso por la paz una a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! Es una fuerte y urgente invitación que Dios nos hace a los católicos ante la cercanía de la Navidad, pero que es extensiva a todos los cristianos de otras confesiones, a los hombres y mujeres de las diversas religiones y también a aquellos hermanos y hermanas no creyentes: la paz es un bien que supera cualquier barrera, porque es un bien de toda la humanidad.

Repitamos alto y fuerte, tal como nos ha exhortado el papa Francisco: no es la cultura de la confrontación, la cultura del conflicto, la que construye la convivencia en los pueblos y entre los pueblos, sino la cultura del encuentro, la cultura del diálogo; éste es el único camino para la paz.

Que el grito de la paz se alce con fuerza para que llegue al corazón de todos y todos depongan toda forma de violencia y se dejen guiar por el deseo de paz.

Diciembre es el mes de Navidad, es el mes de la llegada del príncipe de la paz, lamentamos, una vez más, llegar a este mes manchados de sangre y esperemos que nunca más se repita.

Pidamos con confianza y esperanza que Dios nos devuelva la paz a todos los argentinos.

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