Una bala le rozó la cabeza pero no ingresó al cráneo. "Mi preocupación era que no le pasara nada a los nenes", dijo Walter Marín.
Walter tiene una despensa que funciona en la calle Los Chilcos 2860 del barrio Arrayanes. La abrieron sus abuelos hace 30 años, pero en la crisis de finales de 2001 resolvieron dejar el negocio porque regresaron a Chile. La posta la tomaron los padres de Walter, quienes también optaron por retornar al país vecino, donde habían nacido.
Walter se hizo cargo del negocio tras la partida de sus padres. El comercio es su fuente de trabajo. Su esposa trabaja temporalmente. Aseguró que en treinta años nunca habían sufrido un robo hasta la mañana del domingo 1 de diciembre.
El joven recordó que abrió alrededor de las 10.30. Había tres sujetos afuera de la despensa. Pensó que iba a pasar lo de siempre: "Chicos que iban a salir corriendo con algunas verduras o unas frutas", recordó.
Pero los tres jóvenes entraron a la despensa y comenzaron a preguntar precios. Luego, pidieron una prepizza y queso. Uno de los supuestos clientes se quedó al lado de la balanza, junto al mostrador. Los dos restantes se ubicaron a los costados. Walter estaba con sus dos hijos de 3 y 9 años, porque su señora estaba trabajando. Los chicos jugaban a pocos metros sin advertir que el peligro acechaba.
"Me agaché para sacar el queso y escuché: la capucha. Me levanté y uno me apuntaba a la cabeza con un arma", relató el comerciante. El sujeto le advirtió que se trataba de un asalto y que les diera toda la plata.
Asegura que no se intimidó y trató de calmar al asaltante que tenía el arma. "Le pedí que tenga consideración que estaba con mis hijos pequeños", rememoró. Los chicos miraban asustados la escena.
"El sujeto me dijo que no le importaba nada y disparó", contó. El proyectil impactó en una pared del comercio. Walter insistió con el pedido de cordura a los asaltantes. "Mi preocupación era que no les pasara a nada a los nenes", relató.
Pero el sujeto volvió disparar. En ese momento otro de los asaltantes le arrojó una botella de cerveza que no sabe si alcanzó a esquivar o lo golpeó. Vio que le lanzaban otra botella. Walter supuso que se trataba de un arma de fogueo y agarró un cuchillo que tenía para cortar el queso y se lo tiró a la cara al asaltante armado.
El sujeto reaccionó con un tercer disparo que impactó en el parietal izquierdo de la cabeza del comerciante. "Sentí como un pinchazo fuerte y me empecé a caer detrás de la heladera", indicó.
La sangre comenzó a brotar de la herida y los asaltantes huyeron. Walter recuerda que no perdió el conocimiento y llamó a su señora para explicarle que estaba herido y que los chicos iban a quedar solos.
Vecinos que escucharon las detonaciones lo auxiliaron. Luego, arribó personal policial que pidió la ambulancia. Estuvo internado hasta el lunes en el hospital de esta ciudad. "En el hospital son unos dioses", destacó.
Los puntos en la cabeza advierten lo cerca que estuvo de la muerte. "No me querían arriba y menos abajo", afirmó sonriendo. El negocio no para de recibir clientes, pero la señora de Walter atiende tras unas rejas que instalaron luego del intento de robo. Los vecinos saludan con afecto a Walter, que vieron crecer en las calles del barrio que con el paso de los años ha cambido. "Hay mucha violencia y la droga están golpeando fuerte entre los pibes", comentó. Por el hecho hay joven un detenido.
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