Donará un riñón a su hermano menor

Donará un riñón a su hermano menor
Cristina Ubici pretende terminar con las sesiones de diálisis y las complicaciones de salud que tienen a maltraer a José María. Por eso, sabe que el trasplante es la única solución.
Desde niños, José María fue su hermano favorito y, hoy, un trasplante puede transformarlo, también, en el más feliz de la familia. Es que Cristina Ubici (46 años) será operada --entre este mes y marzo en Bahía Blanca-- para donarle a su hermano, José María (38), el riñón que le permita terminar con las diálisis y las complicaciones de salud que lo tienen a maltraer desde los cuatro años y, con mayor complejidad desde 2009, a raíz de una enfermedad membrano proliferativa con esclerosis.

Sin embargo, detrás del trasplante existe una historia de amor sincero y visceral que, tal vez, es la principal razón que permite soñar a todos con un final feliz.

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José María Ubici tiene 38 años y está casado desde hace veinte con María Eugenia, la chica que conoció, de casualidad, en un parque de diversiones antes que termine siendo el amor de su vida. Con ella tienen cuatro hijos y un nieto de un año, acaso, el motor más potente en esa máquina generadora de energía vital que lo ayuda a enfrentar el día con la fuerza extra que exigen las diálisis cada menos de 48 horas.

La familia la completan Esteban, de 11 años; Maira, de 14; José Eduardo, de 17 y Mariana Soledad, de 18, quien es mamá del pequeño Mateo, de 18 meses.

En estos tiempos difíciles, la vida se financia como se pueden. El hace changas como albañil, una actividad que contrasta con su dolencia física, pero es el único recurso en este momento para poder seguir, mientras que ella realiza tareas domésticas a domicilio.

El sacrificio está a la vista en la casita de French 1085, pero el abrigo de una familia numerosa y unida hace que esa apariencia goce de buena salud.

"A veces se pone bravo, porque hay días en que no me puedo levantar después de la diálisis. Eso me complica para conseguir trabajo en blanco", explica José María, al referirse a esta faceta del problema que le aqueja desde los 4 años, cuando comenzó a retener líquidos y a hincharse.

José María sufre una enfermedad membrano proliferativa con esclerosis, la cual fue detectada en La Plata y controlada con medicación hasta los 31, cuando se produjo la aparición de distintos síntomas, como vómitos o afecciones cardíacas derivadas de la presión, una situación que a los médicos les hizo considerar la necesidad de diálisis.

A partir de ese momento, ya no pudo seguir el ritmo de la recolección de residuos, ni el sacrificio de palear silos o alambrar campos.

"¡No sabés lo que corría cuando tenía que salir a recolectar!" recuerda --al pasar-- María Eugenia, mientras se ventila con una mano para subrayar la frase.

"Era el más gordito; una debilidad"

De cara a la intervención quirúrgica que se viene, José María explica que es una cirugía para mejorar la calidad de vida.

"Hacerme diálisis toda la vida me lleva a un deterioro lógico del organismo, como los problemas en el corazón que tuve hace poco, cuando estuve al borde del infarto con 22 de presión y una semana internado", sostuvo.

En medio de esa situación, nació una nueva reunión con sus médicos. Allí, la posibilidad de un trasplante fue la mejor opción.

Después de analizar la compatibilidad entre sus familiares directos, surgió que dos de sus hermanos eran compatibles, tanto por su estado, como por la seguridad que requieren estos casos.

Cuando Cristina escuchó que ella era uno de los compatibles, no lo dudó y se anotó para ayudar a su hermano favorito, aquel que le sacaron de la cama cuando tenía cuatro años y había elegido cuidarlo y dormir con él "porque era el más gordito, una debilidad".

Para ella había llegado el momento de recuperar todas esas horas de cariño que perdió llorando por José María y la dura vida que le tocó vivir con ese cuerpo, del que ahora planean desterrar la enfermedad que los separó en su infancia y, hoy, vuelve a unirlos con más fuerza que nunca.

A los 46 años, la emoción hace que los ojos le brillen como cuando tenía 12, pero ese brillo eran las lágrimas que le provocaban los continuos viajes al hospital de La Plata, las descompensaciones y el sacrificio de la familia de José María para salir adelante.

"Cuando preguntaron quién quería ser donante, siempre dije que quería ser yo. Era mi preferido, desde que nació. Cuando salió esto del trasplante, quise ser yo la que lo haga", dijo la mayor de los siete hermanos.

Recuerdos

"Lo único que me acuerdo de esos años es cuando mi mamá me dijo que a José se lo tenían que llevar porque tenía una enfermedad", comentó Cristina.

"Estuvo internado porque no se sabía qué era y, un par de meses más tarde, mi mamá volvió con José en brazos y le dijo a su hermana: `Nos volvimos. Nos dijeron que no se puede hacer nada", agregó.

"Recuerdo que, al escuchar esa conversación, me largué a llorar", sostuvo con gran emoción.

"Veo a su familia cómo lo acompaña, cómo salen corriendo a toda hora, porque (José) se descompone en cualquier momento o cómo tratan de buscar trabajo para afrontar sus gastos, cuando él ya tiene la posibilidad de estar mejor. ¿Por qué lo hacen esperar tanto?", se preguntó con pena.

No obstante, en aquella oportunidad, los Ubici no bajaron los brazos y buscaron una segunda opinión.

Fue el doctor Byrne, de Tres Arroyos, quien los derivó a otro hospital de La Plata, donde nació la posibilidad de combatir el mal con un nuevo tratamiento y un año de internación. Así se mantuvo hasta hace unos años, cuando comenzó a hablarse del trasplante.

"Igualmente, con la medicación esa posibilidad la manteníamos al margen", comentó su hermana, antes de recordar las dietas estrictas de su madre y la consiguiente recuperación.

Después de reconocer la unión de su familia como un factor clave para sostener sus necesidades en la adversidad, José María observa el futuro con optimismo.

Es que no es para menos; la luz de la esperanza renació en su propia sangre.

"Por mi cabeza pasan un montón de cosas llenas de felicidad y alegría. Antes, la diálisis me hacía sentir bien, pero nunca dejaba de pasar por mi cabeza que seguía teniendo la enfermedad. Ahora, con el trasplante, me siento aliviado; puede ser que de una vez por todas me sienta mucho mejor".

Necesidades

Mientras se preparan para la esperada cirugía, en la familia Ubici necesitan materiales de construcción o dinero para levantar un baño que deberá ser utilizado en forma exclusiva, ya que necesitará de un ambiente libre de gérmenes y posibilidades de infección. Para eso, han colocado urnas en distintos comercios de Tres Arroyos, así como compartieron su teléfono para que los interesados se comuniquen al (02983) 154 16904 y coordinen, de alguna manera, la posibilidad de acercar ayuda de cualquier tipo directamente con la familia.

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