Familiares y vecinos de Gustavo Martínez reclaman justicia. Ayer despidieron sus restos en medio de escenas dramáticas A la familia Martínez, dueña de una verdulería en la localidad de Lisandro Olmos, hace 10 días la habían asaltado de manera salvaje.
No sólo les robaron la plata del negocio, sino que también incendiaron el local con intenciones de matar al dueño, al que rociaron con combustible. El hombre sufrió quemaduras en el 40% del cuerpo y su situación se fue complicando con el correr de las horas: finalmente, como adelantó este diario en su edición anterior, murió en la tarde del pasado miércoles. Se desataba así el dolor profundo de sus seres queridos y la indignación vecinal. El fallecimiento de Gustavo Martínez (48) llamó la atención desde el primer momento en que se conoció la noticia, si se compara el final de la historia con los primeros informes policiales, que daban cuenta de que la víctima había sufrido lesiones importantes, pero que en principio no revestían peligro de muerte. Al respecto, su hermano Eugenio (54) fue enfático: “Desde el primer momento en el hospital de Melchor Romero lo internaron en una sala común, en vez de terapia intensiva, algo que no puede pasar con un quemado”. “En ese lugar cada vez que había visitas entraba mucha gente, algo que tampoco puede ocurrir. Se le infectó la parte posterior de la piernas y era algo que se notaba al cambiarle las sábanas el mal olor de la herida. Faltaban los gusanos”, resaltó Eugenio. En un parte oficial de la Policía consta que el paciente “no estaba conforme con la atención recibida”. Por esa razón, su hermano le siguió contando a EL DIA: “Logramos sacarlo de ahí el domingo para llevarlo a su casa y al otro día al sector de Quemados del hospital San Martín, donde lo tendrían que haber llevado en un primer momento”, opinó. A ese centro médico ingresó, “sin haber recibido el alta del otro hospital”, dijeron fuentes de la investigación. “me voy a morir” “Esperábamos que lo pudieran salvar”, reconoció Eugenio sobre las expectativas familiares. Pero con el correr de las horas su cuadro sólo desmejoró. “Nos dijeron que su estado era muy grave. Pero el martes lo vimos bien, a pesar de que él me dijo que no sabía si iba a poder salir de esta, y que se iba a morir”, continuó el hombre. “Salimos de tantas, ¿no vas a salir de esta?”, intentó animarlo Eugenio, antes de que terminara el horario de visitas. Ya el miércoles la situación era irreversible: “Nos dijeron que sólo nos quedaba esperar a que falleciera”, recordó su hermano. La hora oficial del deceso fue a las 18, según informó la Policía. La noticia se difundió a última hora de ese día, y motivó el enojo de los vecinos de la familia, que de inmediato programaron realizar un nuevo pedido de seguridad (ver aparte). Luego de la autopsia realizada por los médicos forenses, a la familia le entregaron el cuerpo ayer. Fue entonces desde la tarde y, durante toda la noche ayer, que sus familiares y allegados se reunieron en una casa velatoria de 44 y 187, muy cerca de donde se desató la tragedia. Allí se vivieron momentos de profunda angustia y dolor. También, poco después de las 17.00, se realizó una misa privada. La Justicia platense se encarga ahora de determinar si existió un caso de presunta mala praxis en el primer tramo del tratamiento de Martínez. Eugenio ya planea tomar medidas: “Esperemos poder hacer algo contra el hospital de Melchor Romero, porque es un hospital público. Si no, mañana cae mi sobrino con un corte en el dedo y se lo terminan cortando”, lanzó.

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