Un ex militar y luego obrero rural de Tupungato secuestraba menores y se las llevaba con él para que trabajaran. El último caso, en 2010, cobró trascendencia nacional. El jueves fue condenado por ese hecho. Debe responder por otros similares.
Pero además de este caso, Marín contaba con antecedentes similares ocurridos en 2001 y 2007 (en uno de los casos se lo acusa también de abuso de menores, aunque estos hechos no fueron ventilados en este juicio).
El debate se llevó a cabo en el Tribunal Oral 2 de la Justicia Federal de Mendoza; el delito de trata de menores contempla una pena de 10 a 15 años. El tribunal estuvo presidido por Héctor Cortez y compuesto por Hugo Echegaray y Carlos Parra; mientras que la fiscal fue María Gloria André, quien solicitó la pena por la que finalmente optaron los magistrados. El abogado de Marín fue Sergio Carreño.
Caso conocido
Este caso tuvo su génesis en junio de 2010, cuando la menor (su nombre no se coloca por cuestiones legales) desapareció después de un cumpleaños en una finca de San Carlos. La nena era boliviana y había sido traída a Argentina para ayudar a su tía en la crianza de un bebé. La mujer, como tanta gente, se dedicaba a tareas agrícolas.
En la misma finca trabajaba Marín. Y fue Marín quien la secuestró después de aquel cumpleaños. El caso movilizó a Missing Children y a los pocos días los policías dieron con la menor, que se había escapado de Villarino (un sitio rural cercano a Bahía Blanca). Marín cayó a los días y fue trasladado a Mendoza.
Los jueces tuvieron en cuenta que el caso estaba inmerso en el submundo de los obreros rurales, donde los controles sobre las personas son escasos, la legalidad es casi nula y el trabajo esclavo, casi moneda corriente. La desaparición de la nena boliviana en la finca Tapiz de San Carlos recaló en el juez de instrucción del Valle de Uco, Javier Ugarte.
Algo de historia
Hace 17 años, cuando Marín era un suboficial del Ejército Argentino que revestía en Campo los Andes, conoció a una mujer de Tupungato con la que tuvo una hija que tiene hoy 15 años. Un día se separó de esa mujer y de su por entonces pequeña hija. No dejó rastros. Además, había abandonado el Ejército y se dedicaba a ser obrero rural en fincas del Valle de Uco.
Hacia 2001, el ex militar reapareció en una finca de San Carlos, donde comenzó otra relación sentimental con una mujer que vivía allí con su familia. Para esa época, Marín tenía 30 años y su nueva novia tenía una hermana de 12 años de la que el ex militar se enamoró. Una mañana, la nena de 12 años y Marín desaparecieron de la finca.
Con la menor se instaló en Buenos Aires, en San Miguel, y tuvo dos hijos varones. El primero nació en un hospital público pero antes de que le dieran el alta a la madre, el ex militar se la llevó del nosocomio con el recién nacido. Los tres se fueron a una finca de Bahía. Cuatro años más tarde, la por entonces menor (que ahora tiene 24 años y cuyo testimonio resultó clave para la sentencia en el juicio) volvió a quedar embarazada en Buenos Aires. En esta oportunidad, Marín lo hizo de nuevo: escapó de la clínica con la madre y el recién nacido. Marín utilizaba un DNI con el nombre de Benjamín Marín, con la intención de despistar a los pesquisas.
Instalado en San Miguel con su "mujer" (la chica que había secuestrado) y sus dos hijos varones, el ex militar viajó a Tupungato, donde fue a ver a su primera hija (la que había abandonado). Marín raptó a su hija y se la llevó a vivir con la familia que ya había constituido en Buenos Aires.
A fines de 2009, el hombre tuvo un arrebato y dejó encerrada a la chica con que había tenido a los dos varones y sin más se fue. La chica quedó en Bahía Blanca y luego regresó a San Carlos sin sus dos hijos.
De vuelta
A principios de 2010, Marín apareció de vuelta por el Valle de Uco. Lo hizo en compañía de su primera hija de 13 años (la que había tenido con la mujer de Tupungato) y con los dos menores varones, de 8 y 4 años.
Con los tres se instaló en Capiz, San Carlos, para trabajar en una finca. Todos se alojaron en una de las casas colectivas. En la habitación contigua vivía una menor de Bolivia, quien estaba allí con una tía y el marido de ésta. En junio de 2010, después de una fiesta de cumpleaños, la menor boliviana desapareció. Y todos se dieron cuenta de que el ex militar y sus tres hijos tampoco estaban.
Una semana más tarde, la menor fue encontrada en Villarino. La nena se había escapado en un momento de distracción de los dos hijos de Marín (los varones de 4 y 8 años), ya que ambos la vigilaban mientras su padre trabajaba en la cosecha de cebollas. La nena estaba en calidad de presa en esa casa.
Cuando la menor boliviana quedó en manos de la Policía, todo se precipitó para el ex militar. Una comisión policial allanó la casa donde vivía y rescató a sus hijos menores para que fueran devueltos a su madre, que estaba en Mendoza. Otro tanto pasó con su hija adolescente. Él, por su parte, quedó imputado del delito de rapto agravado en tres oportunidades.
La sentencia de ayer fue por uno de esos casos.
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