La testigo declaró que cuando la madre pidió ayuda “no la dejaron que la acompañara a la comisaría”. Dijo haber visto cómo en todo momento la hija de Álvarez tenía la misión de observar y controlar los movimientos y dichos de Zapata.
Allí, la operadora del organismo Alicia Yonhi, declaró que días antes de conocerse los crímenes, “Soledad me dijo que quería denunciarlo al marido”, pero indicó que cuando intentó acompañarla a la comisaría “el psicólogo me dijo que la deje ir sola y que no la acompañe”.
Yonhi dijo haber visto como en todo momento la hija de Álvarez tenía la misión de observar y controlar los movimientos y dichos de Zapata. “Por eso la llevé separada y ahí fue cuando me dijo llorando que no quería volver a su casa” y señaló en forma textual que Zapata dijo: “tengo que volver al calvario”.
Del testimonio de la trabajadora también se supo que en la primera quincena de febrero se entrevistó en conjunto con Javier Álvarez y Soledad Zapata, porque precisaban ayuda con alimentos y pases para colectivos. “Ahí el que habló en todo momento fue Álvarez. Ella estaba con la cabeza baja y no habló, pero la segunda vez vino sin él y pudo decirme esto”.
“Soledad escuchó como discutí con el psicólogo para que me deje llevarla en el remis que tenemos a disposición”, afirmó Yohni. Así mismo dijo que la doctora Piana, quien se desempeñaba en el área de Pediatría del Hospital Masvernat y atendía al pequeño recién nacido, “dijo que según Soledad, Álvarez la había golpeado y maltratado”.
Jeringas
Por su parte, Yanina Corrado, tía de los hijos más grandes de Álvarez con Vanesa Corrado, asentó que sus sobrinos –una vez restituidos a su madre- “contaron cómo a estos nenes muertos no les quería dar de comer, les pegaba y los obligaba a sentarse en el piso, no en el sillón”. En ese contexto indicó: “también dijeron que suponían que los pinchaba a los nenes con jeringas” que eran de perros.
Los instantes previos al fallecimiento del pequeño Hugo fueron reconstruidos en parte cuando la testigo señaló que sus sobrinos contaron “que lo vieron a Hugo tirado en el piso sin poder respirar bien, como agitado y el padre les dijo que se fueran 2 horas a la casa de la abuela”, añadiendo que cuando volvieron el pequeño ya no estaba, “pero que ellos decían que se habían dado cuenta qué fue lo que pasó”.
Minutos después, Álvarez encomendó a su hijo mayor ir a comprar cemento, para luego ayudarlo a hacer el contrapiso, debajo de una cuna, donde metros abajo había sepultado al niño.
Música fuerte y encierros
A este testimonio se sumó el de una vecina del barrio “80 viviendas”, quien manifestó que “de lunes a viernes la música estaba fuertísima y siempre de madrugada”, ampliando que “algunas veces se sentían golpes contra la pared y llantos”. En esa misma línea confirmó que a los pequeños fallecidos “nunca se los vio afuera” durante los casi 4 meses que vivieron en la casa.
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