Del doble discurso a la doble moral

Del doble discurso a la doble moral
Muchos afirman que se educa a través de los ejemplos. ¿De allí las malas conductas de nuestros adolescentes? ¿Qué se puede esperar o pedir de ellos ante tantos mensajes confusos que reciben a diario?.
Entre estupor y sorpresa, los riojanos asistimos el pasado martes a un espectáculo que puso nuevamente en el tapete un debate en el que el grueso de la sociedad está inmerso, pero no termina de tomarse con la seriedad que corresponde.

La noticia de que un colectivo en el que se transportaban alumnos de dos escuelas chileciteñas había sido detenido por personal del Escuadrón 24 de Gendarmería Nacional de aquella localidad corrió como reguero de pólvora, mucho más cuando se supo que, como resultado de ese allanamiento, se incautaron bebidas alcohólicas en cantidades siderales y sustancias prohibidas.

El hecho atravesó las fronteras de la provincia y fue reflejado por cuanto medio nacional se hizo eco de una situación que pone en evidencia, una vez más, una problemática que no sabe de estratos sociales, mucho menos de edades.

Los alumnos que fueron demorados -y algunos de ellos detenidos- pertenecen a las escuelas Normal Superior Joaquín V. González y Gabriela Mistral de la localidad de Chilecito.

Un total de 56 jóvenes que partían rumbo a Bariloche para concretar el tan anhelado viaje de estudios que, a todas luces, quedó opacado desde un principio, sobre todo por las lamentables circunstancias en que se suscribieron los hechos, más allá incluso del hecho mismo, ya de por sí lamentable.

Al momento del allanamiento realizado por parte de Gendarmería, se suscitaron una serie de enfrentamientos entre los mismos alumnos y algunos padres que, alertados, llegaron hasta el lugar para ver qué estaba ocurriendo.

Y fue en ese contexto que Lucas Illanes -sobrino del fiscal federal Darío Illanes y de la jueza Virginia Illanes-, uno de los jóvenes que viajaban en el bus fue denunciado por sus propios compañeros por supuesta tenencia de sustancias prohibidas.

El joven Illanes protagonizó un momento de tensión junto a su padre durante el operativo realizado a la salida de Chilecito y luego fue retirado del lugar mientras sus compañeros lo sindicaban ante el juez como uno de los portadores de las drogas encontradas.

El hecho podría resultar anecdótico, si se quiere, pero muy por el contrario, abre una serie de aristas que, como mínimo, obligan a la reflexión, sobre todo cuando se encuentran involucrados en mayor o menor medida quienes deberían ser referentes de una sociedad que necesita mensajes claros, concretos y, por sobre todas las cosas, verdaderos.

A nadie escapa hoy por hoy que la droga y el alcohol son un flagelo real no sólo entre los jóvenes, y que en los últimos tiempos abundan en La Rioja las noticias de allanamientos en busca de sustancias prohibidas, la mayoría de ellos con resultados positivos y una andanada interminable de detenidos.

Y en este marco sería muy simple caerle con todo a los adolescentes, cuando en realidad la problemática va mucho más a fondo y mucho tiene que ver con lo que se dice, pero no se hace, con los dobles discursos que terminan desembocando en las dobles morales que, lamentablemente, abundan.

Y no sólo en torno a esta cuestión que, bajo ningún punto de vista puede ser valorada como exclusiva de La Rioja, cuando en vecinos países se plantea un fuerte debate en torno a la legalización o no de la venta de sustancias prohibidas.

Incluso, esta Provincia cuenta aún con la ventaja de un control más viable por parte de las fuerzas de seguridad y de la sociedad misma, que puede ejercer un auto control que en otras ciudades es francamente imposible.

Pero esto no quita la existencia de mensajes confusos o posiciones tibias ante un problema que es serio por las graves consecuencias que puede generar en la salud, sobre todo entre los adolescentes.

Y en particular, este tipo de hechos que rozan tan de cerca a referentes de la Justicia, como ocurrió en la Perla del Oeste, generan gran incertidumbre en el común de la gente que ya de por sí debe convivir a diario con los dobles discursos y las dobles morales de sus representantes políticos, e incluso comunicadores sociales que intentan por todos los medios tergiversar la realidad, aplicando el periodismo de denuncia que nunca termina por probar nada, precisamente por que lo que menos muestra son pruebas. El famoso “miente, miente que algo quedará”.

Ejemplos hay muchos y la lista se podría volver tan larga como tediosa, pero como bien dicen por allí, para muestra, suele bastar con un botón. O dos.

Un espejo

Lo ocurrido en Chilecito no puede quedar en el olvido, no puede pasarse por alto. Muy por el contrario, debe servir como espejo para una sociedad que necesita verse en quienes la representan, mucho más si están vinculados a un espacio tan sensible como el de la Justicia, que es de esperar actúe más allá de los nombres.

Si por lo ocurrido se asentó una denuncia, esa denuncia deberá llevarse hasta las últimas consecuencias y dejando de lado los encubrimientos que, en muchos casos, se ven favorecidos por los accesos que algunos individuos tienen a ciertos espacios de poder.

De lo contrario, más tarde o más temprano, todo vuelve.

Y si no, habría que observar con detenimiento y dejando de lado las pasiones, lo ocurrido con el propietario de FM América y también comunicador Enrique ‘Carín’ Lanzillotto, a quien por estos días se le inició desde el Ministerio de Educación un sumario administrativo en virtud que desde diciembre de 2006 “el docente estaría en situación irregular y en consecuencia se encontraría incurso en las disposiciones establecidas en la ley N° 5.289 Capítulo II de los deberes del docente, lo que haría pasible de sanciones establecidas en el decreto N° 137/96 por abandono de cargo”.

A Lanzillotto, lisa y llanamente, se lo acusó mediáticamente de “ñoqui” por cobrar un sueldo docente y no cumplir con su trabajo, es decir, no asistir a dictar clases en la Escuela de Comercio Nº1 de esta Capital.

El proceso de la denuncia, en este sentido, fue exactamente el inverso, toda vez que en primer lugar se debió haber iniciado el sumario administrativo por parte de Educación y una vez concretados todos y cada uno de los pasos de este proceso, y luego de haberse comprobado la irregularidad, darla a conocer a la población mediante los medios que se consideren más convenientes.

Pero bien se podría afirmar en este contexto que dicho comunicador es hoy víctima de la misma modalidad periodística que ejerció a diestra y siniestra, sentado a la derecha de este o aquel (poder de turno, entiéndase) y que le dio cierto prestigio en el ceno de la comunidad como supuesto periodista independiente: denunciar sin pruebas; levantar el dedo acusatorio para instigar, gozando de aquella máxima que indica que en la inmediatez, en la aceleración de los medios de comunicación y particularmente de la radio, todo pasa. Pero también todo vuelve.

Y está más que claro que de los dobles discursos a las dobles morales puede haber un solo paso y que una vez que se cruzó del otro lado se hará más que difícil el retorno, más allá de quién se trate.

Podrá Lanzillotto, con todo derecho, demostrar que la acusación sobre su persona es errónea o malintencionada, pero llegado ese momento habrá sufrido, con seguridad, el mismo calvario que sufrieron todos aquellos a los que el comunicador denunció públicamente en su momento.

Y no se trata aquí, como se quiere hacer ver en pos de desviar las miradas hacia otros sectores a los que se intenta inculpar, de pensar diferente. Se trata, o debería tratarse en todo caso, de ser consecuente, de ser coherente con lo que se piensa, con lo que se dice y con lo que se hace.

Tampoco se trata de poner en el ocasional comunicador denunciado la lupa inquisidora empleada por muchos de los que tiran la piedra y luego esconden la mano, en una práctica que les suele ser común.

Lo que debe leerse, en todo caso, es que con situaciones como las generadas en Chilecito, con referentes de la Justicia involucrados (quieran o no), o las más cercanas, en el ámbito compartido de la educación y la comunicación, son las estructuras de la sociedad las que sufren el impacto.

¿Y qué se puede esperar o que se le puede pedir entonces a los adolescentes que reciben a diario tantos mensajes confusos?

Malos ejemplos

El doble discurso es una discrepancia entre lo que se dice y lo que se hace. Es una forma de esquivar, encubrir y reforzar el costo de una decisión. A veces es inconsciente porque se forjó en la infancia con el doble discurso del adulto: “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”.

La doble moral, en tanto es un criterio aplicado cuando a un individuo o institución se le acusa de ejercer una doble norma en el tratamiento dado a diferentes grupos de personas, es decir, que injustamente permiten más libertad de conducta a un sujeto que a otro.

Muchos afirman, correctamente, que se educa a través de los ejemplos. ¿De allí las malas conductas de nuestros adolescentes? Es muy probable. Sobre todo, teniendo en cuenta que abundan los malos ejemplos entre quienes deben ser referentes. Es decir, abunda el doble discurso y la doble moral.

Tal vez de esta manera puedan explicarse algunas posturas políticas en los últimos tiempos en que los conflictos estuvieron a la orden del día, tratando siempre de buscarle una explicación a lo que a todas luces no lo tiene.

Por caso, el quintelismo combativo que muy lejos está de ser coherente entre lo que dice y lo que hace, entrando en una permanente contradicción que lo expone y hasta lo ridiculiza.

Por citar algunos ejemplos, la postura antiminera que contrasta con la cruda realidad de una ciudad que no la tiene “EASY” con la basura y que debe convivir a diario con grandes y contaminantes basurales; o el anuncio de una semaforización inteligente cuando muchos de los semáforos de la Capital funcionan deficientemente; o querer desprenderse de toda vinculación con la marcha anti K prevista para el 8 de noviembre, cuando desde las redes sociales se fustiga permanentemente contra las políticas del gobierno provincial, a todas luces alineado con Cristina; o algo tan simple como anunciar -sin la más mínima previsión, como es costumbre- que se construirá una peatonal que perjudicará la libre circulación de los riojanos y luego, a las pocas horas, desmentirlo. Y así tantas otras situaciones que se podrían enumerar.

Como que el radicalismo, en su permanente contradicción opositora reclame una ART para los empleados públicos, critique a esos entes por ser “noventistas”, sin recordar que fue esa una de las políticas que el radical De La Rúa sostuvo sin cambiarle una coma. O como que la multisectorial anti bederista, contradictoria desde su concepción misma y que desde siempre se manifestó en contra de toda aspiración política, ahora se muestre como alternativa para el 2013.

Comentá la nota