El sueño de una izquierda unida en Colombia duró poco. Esta semana tres de los líderes más populares de la oposición presentaron o anunciaron su candidatura para las elecciones presidenciales del año próximo.
El Polo venía trastrabillando desde febrero pasado, cuando Lucho Garzón y Petro empezaron a amenazar con dejar la coalición si no formaban una alianza electoral con las otras fuerzas opositoras, principalmente el tradicional Partido Liberal. Lograron sobrevivir, juntos, al congreso anual de la coalición, pero a las pocas semanas Petro anunció su salida de la fuerza que había ayudado a fundar hacía apenas unos años. Según adelantó la prensa colombiana ayer, el senador, una de las víctimas del espionaje del gobierno de Uribe, presentará formalmente su candidatura presidencial para 2010.
Garzón y Gaviria lo hicieron ayer. El primero lo hizo al mismo tiempo que anunciaba su salida del Polo. "Yo no estoy de acuerdo con las decisiones del congreso del Polo", explicó por carta, radio y televisión el ex alcalde de Bogotá y ex líder sindical. La joven promesa de la izquierda colombiana adelantó que ahora, como candidato independiente, buscará forjar una alianza con otras fuerzas y dirigentes, como el ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo y la senadora liberal y gestora de paz Piedad Córdoba.
Gaviria, en cambio, presentó su candidatura con todo el aparato del Polo detrás suyo. Acompañado por un grupo de jóvenes militantes y por algunos intelectuales como los periodistas Daniel Samper Pizano y Laura Restrepo y el defensor de derechos humanos Iván Cepeda, se inscribió para las internas de la coalición. Todo indica que nadie más se presentará y el antiguo profesor de Derecho de Uribe será, otra vez, el candidato del Polo. Pero a diferencia de la última elección presidencial, es poco probable que Gaviria logre arrastrar los votos de toda la izquierda.
La noticia de la ruptura era la buena nueva que esperaba Uribe para terminar un mes de éxitos. Hace una semana el Senado aprobó un referéndum que, de ganarlo, lo habilitaría a quedarse cuatro años más. De conseguirlo y con la oposición fragmentada, la victoria de Uribe parece casi inevitable.


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