Dispuesto a ganarle al cáncer y cumplir su sueño de ser músico

Dispuesto a ganarle al cáncer y cumplir su sueño de ser músico
Lucas tiene 16 años. Es de Concordia y periódicamente viaja a Paraná para hacer un tratamiento. Sus mejores amigos organizaron una cruzada en las redes sociales para conseguirle una guitarra.

Lucas Guy tiene 16 años y sueña con ser músico. Uno de sus principales deseos para 2014 es tener su propia guitarra y perfeccionarse en este arte.

Por eso, sus amigos iniciaron una cruzada en las redes sociales. Quieren conseguirle una, aunque sea usada, a la cual poder arrancarle las mejores melodías. Porque transformar el aire en música es un acto mágico, que alegra, redime y vivifica.

La música sana y fortalece el espíritu. Y para un paciente de cáncer como él, es importante sentirse bien anímicamente para enfrentar las sesiones de quimioterapia que le van erradicando de su cuerpo la enfermedad.

“Con mis amigos siempre nos juntamos y hacemos música. Ahora queremos armar algo con Brian, otro paciente de mi edad que también está en el hospital haciéndose un tratamiento”, dijo el joven a UNO, y comentó: “Me gusta el pop, las canciones clásicas y la música lenta”.

El adolescente, que vive en Concordia pero desde que le diagnosticaron la enfermedad, en 2011, pasa mucho tiempo en Paraná, espera que llegue pronto su guitarra y poder aprender a tocar los temas que habitualmente escucha.

Por su edad, las internaciones y tratamientos ya no se realizan en el hospital materno infantil San Roque, donde conoció montones de amigos, sino en el San Martín.

Quien desee regalarle la guitarra puede acercársela a la Sala de Hematología, en el tercer piso, o comunicarse vía Facebook con Arcos Iris, la asociación civil que acompaña a las familias y pacientes con cáncer.

“Se puede”

Miguel, el papá de Lucas, relató los dramáticos momentos que vivió junto a su familia a partir de que le dijeron que su hijo tenía cáncer: “Comenzó a manifestar los primeros síntomas a mediados de 2011. Pero pensábamos que era una gripe, que así como venía se iba; además transpiraba demasiado, pero suponíamos que era algo propio de la edad. Pero ya a principios de agosto de ese año acusó un dolor en el pecho. Decía que era como una puntada. A los dos o tres días no aguantaba más el dolor y al menor esfuerzo físico no podía respirar”.

Así empezó el periplo que emprenden quienes atraviesan una situación similar: electrocardiogramas, radiografías, análisis y otros estudios de rutina que determinaran el diagnóstico correcto, que a veces es el menos deseado.

La familia, integrada además por Patricia, la mamá de Lucas, y Magalí, su hermanita de 7 años, pasó por duros momentos.

Lo derivaron a Paraná, los médicos le dijeron que podía curarse, pero tuvo una recaída, no respondía a la medicación y la recomendación fue que rezaran mucho.

Miguel recordó los instantes de desesperación: “Con todo mi ser despedazado, a tal punto que no sé ni cómo caminé hasta la terminal de colectivos de Paraná, me vine a mi casa porque tenía mi otra bebé esperando, que en ese tiempo tenía 4 años de edad. Me acuerdo que ese día lloré y lloré como nunca y le pedí a Dios que no lo hiciera sufrir. Al otro día me llamó Patricia, mi esposa, diciéndome que a Lucas lo ingresaban al quirófano de urgencia porque había pasado toda la noche con dolor y el corazón ya no le respondía, que sí o sí había que abrir para drenarle el líquido del pericardio”.

Además contó: “Estando en Concordia creí que iba a enloquecer, pero por suerte siempre hay amigos que te saben dar una mano y alguien me trajo de vuelta a Paraná en dos horas. Cuando llegué a Lucas ya lo habían sacado del quirófano con pronóstico reservado. Cuando entré a verlo me encontré con mi gurí lleno de cables y aparatos y no lo aguanté; tuve que salir en busca de Patricia y juntos lloramos como jamás lo habíamos hecho y volvimos a pedir a Dios, teníamos que esperar al otro día por el parte médico. Nos fuimos de ahí con todo el dolor del alma porque dejábamos a nuestro gladiador”.

Afortunadamente, el cuadro se revirtió, Lucas se recuperó y salió adelante. Respondió a la medicación, el tumor en su pecho retrocedió, y desaparecieron los ganglios que tenía.

Hoy sigue dándole batalla al cáncer y además de dedicarse a la música realiza acciones solidarias: “Ahora con Lucas estamos en campaña de concientización de la donación de sangre y de médula ósea, junto a la gente linda de Entrerrianos hasta la Médula. Aquí esta nuestra experiencia, espero que ayude, por lo menos le dé esperanza a la gente para poder seguir; porque se puede, les repito: sí que se puede”, aseguró Miguel, que además expresó: “Mi deseo para este 2014 es ganarle de una vez por todas a esta enfermedad y poder por fin estar juntos con mi familia”.

Esperanza y optimismo

Miguel Guy, el papá de Lucas, sostuvo que desde que le dieron el diagnóstico de Lucas vivió muchas emociones diferentes, pero mantuvo intacta su fe y hoy manifiesta su agradecimiento hacia quienes estuvieron a su lado en todo momento: “Tengo que dar gracias a todas las personas que nos acompañaron y nos dieron fuerzas cuando no las encontrábamos. Ellos son primeramente la familia y segundo mis amigos de la vida y de la lucha, gente linda como Linfomas Argentina Asociación Civil, Arco Iris Paraná, Otro Mundo Asociación Civil, y demás amigos que han pasado y otros que están pasando por esto”. Espera 2014 con esperanza y optimismo, tan necesarios para salir adelante.

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