A través de sus 206 páginas, el libro reproduce el “Informe final de los resultados del relevamiento territorial, histórico, social y cultural de la comunidad mapuche Paichil Antriao”, de Villa La Angostura. Documentación para entender el conflicto.
Desde ayer se puede descargar de manera libre y gratuita el libro “Huellas y senderos”. Se trata del “Informe final de los resultados del relevamiento territorial, histórico, social y cultural de la comunidad mapuche Paichil Antriao”. El trabajo contó con el impulso del Observatorio de Derechos Humanos de Pueblos Indígenas (ODHPI) y se presentó recientemente en la capital de Neuquén.
Se trata de la comunidad mapuche de periódicamente es noticia en la vecina localidad. En sus primeros párrafos, el trabajo interdisciplinario sostiene que “tiene presencia ancestral en la zona donde ahora se superpone la ciudad de Villa La Angostura. Cuando llegaron a la región los primeros representantes del Estado, luego de la ‘Conquista del Desierto’, constataron que existían varios pobladores indígenas, algunos de los cuales operaron como baqueanos (conocedores) y boteros para los comisionados”.
La investigación apunta que está demostrado que “las familias Paichil y Antriao circulaban en el territorio conformado por lo que luego serían los lotes 9, 10 y 11”, no obstante, en 1902 “el gobierno nacional ‘concedió’ por decreto las 625 hectáreas del lote pastoril 9 a José Paichil y a Ignacio Antriao, en calidad de cabezas de sus respectivas familias. La ciudad de Villa La Angostura, en el sur de la Provincia de Neuquén y cercana a San Carlos de Bariloche, fue fundada oficialmente en 1932. Para ello se tomaron hectáreas del lote reconocido a los Paichil y a los Antriao en la zona sur del territorio indígena; es entonces cuando se produce el primer corrimiento”.
Claro que en los últimos tiempos se profundizó el despojo. “La villa tuvo un crecimiento lento hasta 1994, año en que se concluyó el asfaltado de la ruta de acceso. Desde entonces registró un incremento poblacional importante (superior al 200 por ciento) vinculado al turismo de elevado nivel económico, lo que ha intensificado la búsqueda de inmuebles para viviendas o casas de descanso de clase alta y emprendimientos turísticos. En la actualidad, producto de varias acciones de apropiación que por vías directas o indirectas fueron despojando a las familias mapuche”, que son descriptas en el trabajo, el territorio que queda en posesión de la comunidad se encuentra loteado en casi toda su extensión y titulado ilegítimamente a nombre de terceras personas que nunca ejercieron posesión”.
En torno a 125 hectáreas
La situación que periódicamente es noticia deriva del conflicto actual, en cuyo marco “están amenazadas estas 125 has que aún se poseen. Varios especuladores intentan apropiarse del espacio comunitario con el objeto de desarrollar sus negocios turísticos e inmobiliarios. Para ello, esgrimen argumentos falsos tales como el de que no hay mapuche en Villa La Angostura, que no los hubo nunca, que tampoco hubo comunidad y que José Paichil e Ignacio Antriao eran chilenos, por lo que no les corresponde reclamar nada”. Desde ya, tales aseveraciones no resisten el menor análisis en el transcurso del informe, que se elaboró en los últimos dos años.
Durante su realización, los miembros de la comunidad “se refirieron a los apropiadores de la siguiente manera: ‘…llegaron a nuestro territorio a colonizar espacios; a explotarnos como objetos para sus negociados y especulaciones, para sus emprendimientos comerciales, madereros, inmobiliarios y turísticos; a robarnos nuestra sabiduría para sus propios intereses; a imponernos conocimientos e ideas occidentales haciendo un atropello y un despojo a nuestra forma de ser, de conocer, vivir y pensar desde nuestra cosmovisión”.
Además, “intentaron destruir todo: idioma, espiritualidad, arte, nuestra verdadera cultura para imponernos la de ellos. Hoy somos nosotros, reactivando el sentir y hacer comunitario que nació con nuestros mayores, quienes nos decidimos a contar nuestra historia, esta vez la historia se escribe desde la autoridad y el conocimiento mapuche. Nacimos en este lugar, vimos surgir a Villa La Angostura, estamos acá todavía y somos testigos y protagonistas del crecimiento de un pueblo que logró agrandarse a costa del despojo y la reducción de nuestro territorio ancestral”. Una herramienta indispensable para entender la trama profunda de tan dilatado conflicto.
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