La disminución de la superficie sembrada con algodón, en lo que fuera el área que concentraba al textil en la provincia, preocupa a las cooperativas agropecuarias que deben afrontar los gastos de los operarios que trabajan en desmotadoras que en este año probablemente no se pongan en marcha.
En el recuerdo quedan las imágenes de las interminables filas de camiones que esperaban turno en las cooperativas de Sáenz Peña, o en las sucursales que las entidades tenían en localidades vecinas.
De esa recordación de los momentos del Chaco algodonero, queda una realidad para las desmotadoras: los obreros, los operarios que tienen muchos años de antigüedad. “La mayor preocupación en este momento es qué hacer con el personal que tiene más de veinte años de trabajo en las cooperativas”, dicen preocupados los dirigentes de las entidades que tienen desmotadoras y que no saben si en esta campaña se van a poner en marcha.
Los responsables de las entidades tienen expectativas en una nueva legislación, con media sanción del Senado de la Nación, que permitiría la jubilación anticipada de los obreros que aún no tienen edad pero cuentan con antigüedad para retirarse.
“La jubilación anticipada sería un alivio para las cooperativas, porque con la decreciente actividad algodonera no podemos seguir sosteniendo un numeroso plantel de obreros”, reconoce la dirigencia cooperativa.
Producción para una desmotadora
En el departamento Comandante Fernández se registra el año de menor superficie sembrada con algodón. El textil cubre un total de no más de tres mil hectáreas, lo que significa que con una sola desmotadora en marcha se podría procesar la cosecha.
Si bien las cooperativas instaladas en Sáenz Peña también reciben producción de otros departamentos, la situación no difiere mucho con los vecinos ya que en los otros distritos tampoco el algodón fue la opción. En Independencia el textil suma unas dos mil ochocientas hectáreas, siendo O’Higgins el que mayor implantación de algodón tiene en la zona con once mil hectáreas.
“El personal y la estructura que tienen las cooperativas agropecuarias responden al momento en el que, solamente en Comandante Fernández, se cultivaban más de treinta mil hectáreas del otrora oro blanco”, relatan los directivos de las entidades. La situación deja claro que en el Chaco, “existe capacidad de desmote, pero hoy falta el producto para poner en marcha toda la maquinaria y ocupar a todos los trabajadores”.
La depresión textil
La ilusión de volver a ser una provincia algodonera -relanzada hace un par de años atrás- no encuentra solvencia para hacer de esa posibilidad una realidad. La siembra del textil decayó nuevamente, tras la pasajera reactivación del año agrícola 2009-2010. La incontrolable inestabilidad del mercado y los gastos que implica la lucha contra el picudo acobardaron al productor que no quiere arriesgar en un producto con precios inciertos.
El retorno del desánimo por el algodón, generó que las desmotadoras, a las que se les había sacado brillo con las casi trescientas mil hectáreas de ese período, vuelvan a tener mínima actividad o directamente no se pongan en marcha.
“El picudo ya es una plaga más, pero el gran problema sigue siendo la pizarra del algodón que no ayuda a que el cultivo vuelva a estar entre las primeras opciones del agricultor chaqueño”, mencionan los gerentes de cooperativas algodoneras.
“Los precios internacionales tal vez puedan llegar a ser buenos pero a nosotros nos mata la política interna, con un dólar agrícola retrasado y con insumos que tienen valor de dólar paralelo”, dicen. Al problema de los inciertos valores de la cosecha de algodón, se agrega que en el país la demanda de la fibra decreció e, inclusive, todavía queda un excedente de la campaña anterior.
“El producto no escasea, hay stock en existencia del año pasado y en consecuencia los compradores negocian con pagos a noventa o ciento veinte días, cuando las cooperativas necesitamos vender anticipado para poder hacernos de dinero y cubrir los grandes gastos que tenemos. La situación es crítica para las instituciones porque los créditos no existen y las deudas se acumulan”, coinciden en señalar los que todavía aguantan como cooperativistas.
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