Aunque los índices oficiales dicen que hasta ahora la inflación acumulada apenas supera el 20 por ciento, la sensación de los consumidores formoseños cada vez que tienen que adquirir bienes es que el aumento es mucho mayor.
La reducción del poder de compra, la cantidad de bienes y servicios que se pueden adquirir con los ingresos producto del trabajo, es mucho mayor.
Esto se siente con mayor voracidad en provincias como Formosa, donde los salarios tanto de los estatales como de los privados son muy bajos en comparación a otras provincias del país. Además, la escalada de los precios se siente en Formosa de igual manera que en todo el país.
Si se toma el salario bruto promedio declarado al Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones (SIJP) y se lo compara con la evolución de los precios de algunos bienes se logra poner en números la sensación que a veces se tiene frente a las góndolas.
Desde enero los precios continuaron aumentando y los salarios, cayendo en su poder adquisitivo. Para los datos relevados por el Indec en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) la caída de enero de 2007 a marzo de 2010 es del 41,1 por ciento en el poder de compra del total de los ocupados.
Esta baja se obtiene computando tanto la reducción nominal por bajas de salarios o reducción de horas trabajadas como por efecto de la inflación.
Pero la realidad puede ser mucho peor, porque sobre la base de los datos del Indec el Ministerio de Economía calcula la baja de los ingresos correspondientes a la actividad principal del ocupado.
Mientras que no considera el resto de los ingresos de alguna ocupación secundaria.
De modo tal que para quienes tenían más de una fuente de ingreso la baja puede ser todavía más grande, sobre todo si la tarea "no principal" desapareció.
Al sacar la cuenta de cuántos bienes compra el haber promedio, se detecta una caída que en realidad debería ser mayor para la mayoría de quienes mantienen sus empleos.
Cuando la distribución de los salarios es más o menos homogénea, el promedio es representativo de la realidad.
DISPERSION
Pero si hay mucha dispersión, se obtendrá un valor que en realidad no es cobrado por nadie o por muy pocos. Si quisiera saberse la altura promedio de la población y la mitad fuera de personas de un metro y medio y la otra de personas de dos metros, se obtendría un valor de 1,75.
Pero luego sería imposible encontrar personas de esa altura. Si esto mismo está ocurriendo con los salarios registrados -y es probable que sea el caso-, el deterioro del poder adquisitivo en las categorías más bajas es superior al del promedio. Como muestran los datos del Indec, la inflación desatada desde que comenzó la devaluación afecta mucho más a quienes tienen ingresos bajos.
Es una inflación que básicamente deteriora el poder de compra de los sectores bajos y medios. El costo de alimentación para el 20% que menos gana creció el 245%, mientras que para el 20% más pudiente sólo se encareció el 92,8 por ciento.
Para los más pudientes, lo que ocurre es que son consumidores en mayor proporción de servicios que no han registrado incrementos o lo han hecho en menor proporción que los bienes.
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