Disconformes los dos

Disconformes los dos
El clásico entre Jorge Newbery y Huracán terminó empatado en un gol. En la cancha del Lobo, abrió la cuenta Nicolás López y luego, Franco Erro estableció la paridad. El Globo jugó con uno menos desde los 13’ del segundo tiempo por expulsión de Guillermo López.
En el contexto general, en la observación colectiva de la situación, resulta evidente que el perjuicio les rozó a los dos. El envión acumulado por los buenos resultados reclamaba la continuidad de la buena racha. Pero no encontraron los modos para que éxito no les termine soltando la mano.

Pero en el somero análisis de los 90 minutos y todo el folclore que encierra una medición de fuerzas entre dos colosos que protagonizan un clásico, quedó explícito que si hay uno que terminó con una mueca de satisfacción, ese fue Huracán.

En los rostros se reflejaba la manera que les cayó la igualdad definitiva a uno y otro. Esa sola observación dio pautas que confirman la tenue satisfacción con la que terminó Huracán.

¿Razones? Jugó de visitante, estuvo más de media hora con un hombre menos y también frenó la buena racha del rival de toda la vida. Una victoria, le daba a Newbery el visto bueno para encarar el tramo final con una perspectiva clara de entrar en el grupo de los que apetecen la clasificación. Y el Globo le puso palos en la rueda.

Y aunque parezca consuelo de necios, no termina de serlo porque a Huracán le terminó simpatizando una unidad que buscó con los fundamentos del que intenta aprovechar lo que puede, a partir de la imposibilidad de convertirse en el propio generador de sus alegrías. Es que la actualidad del Globo no se acerca mucho al ideal y todo lo que alcanza a atrapar, termina siendo bienvenido.

En cambio a Newbery, por la manera que se dio el juego y por las aristas que acompañaban a este nuevo duelo comodorense, la igualdad es poco benévola con sus ambiciones.

En el momento que podía apretar con sus manos un buen resultado, la victoria se le terminó escapando, más por desatinos propios que por virtudes o aciertos de la oposición.

Cada tiempo tuvo sus matices. En el primero, los aciertos fueron escasos, la preocupación por imposibilitar los progresos rivales redondearon un trámite sin visos atractivos. Todo se hizo monótono, con intenciones que tropezaban antes de convertirse en algo serio.

Sólo hubo algunas aproximaciones como un remate de Matías Galvalíz que se fue apenas ancho, o una chance en la que Franco Erro eligió la peor opción, tratando de asistir en lugar de definir ante el achique de Hernán Marcó.

Hubo lugar para la jugada polémica, cuando Bruno Elorrieta progresó por la izquierda y ya en el área se encontró con el cierre de Cristian Cuffaro Russo, quien se tiró al piso intuyendo el posible centro. Pero el volante del Lobo enganchó hacia adentro y la pelota terminó dando en el brazo izquierdo del defensor del Globo. Para el árbitro, la situación fue meramente casual y dejó seguir el juego.

En la segunda mitad, los matices cambiaron radicalmente. Y en eso tuvo que ver la expulsión de Guillermo López. El defensor fue a cerrar un intento de Jorge Aynol con la vehemencia habitual, “Cocky” leyó el impacto y dejó que López se lo llevara por delante. Resultó una falta no muy distinta a varias que pasaron en el juego, pero para el árbitro Savorani, el golpe mereció la tarjeta roja. La infracción tenía más pinta de amarilla que de expulsión.

Unos minutos antes, Huracán había cambiado la postura, porque desde el planteo conservador, modificó las ambiciones con la inclusión de un delantero –Nicolás López- por un volante –Pablo Romano-. Pero esa idea no terminó de germinar por la expulsión de Guillermo López.

Con uno más, el efecto anímico ubicó a Newbery más cerca de la victoria. Ubicó la pelota más cerca del área rival y empezó a hilvanar méritos como para conseguir la apertura del marcador.

Newbery exigió mayor contracción y concentración de la última línea del Globo que apostaba todo a una contra benévola. Parecía que el gol del local no tardaría en caer, un poco por las ganas del Lobo y otro porque Huracán estaba en plena postura defensiva.

Ganar un partido y aún más un clásico cerrado, no da lugar a los errores. Resulta muy finita la línea que separa la alegría de la desazón. Newbery estaba arañando las buenas noticias hasta que una equivocación desmoronó todo lo edificado.

Sobre los 24’ Gonzalo Turri cometió un pecado capital cerca del círculo central, arriesgó más de lo debido y las consecuencias fueron fatídicas. Nicolás López recuperó la pelota en tres cuartos de cancha y enfiló derechito hacia el área de Antonhy Torres. El delantero fue eficiente y la colocó contra el palo izquierdo del arquero colombiano.

¿Merecimientos?. Casi nada. Pero el futbol es atrapante por estas vicisitudes. De estar arrinconado, Huracán pasó al frente, aunque no pudo sostener la diferencia por mucho tiempo.

Seis minutos estuvo ganando el Globo. Fue hasta que Leandro Velásquez dominó sobre la izquierda, cruzó la mitad de la cancha y luego de enganchar hacia adentro, metió un centro con pierna derecha que viajó hacia el punto del penal donde lo esperaba el parietal derecho de Franco Erro. El sarmientino cabeceó por arriba de Hernán Marcó para estampar el empate.

Quedaban otros quince minutos, pero fue insuficiente para un Newbery que no pudo imponer la mayoría numérica. Intentó, pero sin la lucidez necesaria para demostrar en el resultado, el merecimiento que, sin mucha diferencia, había logrado en el desarrollo del juego.

En definitiva, a pesar de haber sumado un punto cada uno, la operación matemática se pareció mucho más a una resta.

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