El espejo de agua, cuyas costas comparten los departamentos Luján y Rivadavia, fue el escenario predilecto para despedir el 2010 y recibir el 2011. Para comer, lo que quedó del 31 y asado.
A las 8 comenzaron a llegar las familias y cerca de las 11 fue el turno de los grupos de jóvenes. “Estamos custodiando las entradas, explicándole a la gente las medidas básicas de seguridad para evitar accidentes, sobre todo los relacionados con el agua y el alcohol”, explicó Jorge Castillo, inspector de la División Náutica de Recursos Naturales, apostado en el paredón de la presa.
Castillo detalló que se estimaba en 20.000 almas las alojadas en la presa, 10.000 menos que para Navidad. “Tal vez la lluvia de anoche (por el 31) los espantó”, arriesgó. El destacamento de San Isidro junto con la posta sanitaria de Rivadavia permanecieron abiertos todo el día para responder ante cualquier inconveniente que, afortunadamente, casi no hubo.
Lo cierto es que para las 14 ya estaba todo el mundo comiendo al reparo de la sombra de los árboles o los gazebos. Una batería de tuppers con sánguches de miga, arrollados, piononos, pollo relleno y otras delicias clásicas de las mesas de fin de año formaron parte del menú.
Fue el caso de la familia Tula, de Las Catitas, Santa Rosa, que previo sacarse una foto en el paredón partió para el camping Rivadavia a “picar una cosita” de las sobras de la noche anterior. “ Despedimos el año viejo y recibimos el nuevo juntos. Lo importante es compartir en familia”, aseguraron.
Otros, como los Bragagnolo y otras familias de Maipú, San Martín y Lavalle prefirieron un rico asado para celebrar la llegada del 2011, bien regado con vino tinto con hielo y un gran fernet con cola para brindar.
“Un vacío, riñoncito, choricitos, unas morcillitas y unas patitas de pollo” componían el asado que estaba haciendo Matías Ábrego, como si el diminutivo de los cortes elegidos le agregara un toque de humildad al
almuerzo.
Entre las 11 y las 14, los médicos del club El Pelícano habían realizado unas 380 revisaciones para poder ingresar a la pileta, “pocas, en comparación con Navidad, cuando hicimos en total 860”, relató a este diario
uno de los profesionales. En las costas del camping Rivadavia, un perfecto boyado permitió el baño tranquilo de decenas de mendocinos. Metros más allá, jóvenes se divertían con motos de agua.
Potrerillos, tranquilo
En tanto, desde la Comisaría 53 de Potrerillos informaron que el movimiento en esa villa cordilleranas y las aledañas de El Salto, Valle del Sol y Las Carditas fue normal, como el de cualquier fin de semana de verano y de vacaciones.
Durante la mañana, agentes de esa dependencia policial realizaron operativos preventivos de control de vehículos y de personas, y los resultados fueron los “normales y habituales”. Se hizo especial hincapié en las medidas de seguridad para evitar accidentes.
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