La fractura de los bloques de Unión PRO en Diputados mantiene coletazos que continúan marcando los límites políticos de cada espacio. Los dos dirigentes que conducían en las Cámaras manejan caminos cruzados. Uno pegado a De Narváez; el otro, con un mensaje "más orgánico". Para no perder la costumbre, la cuña K también juega para afinar con Nación
Sin embargo, todavía yacen en la cancha retazos de tela para seguir cortando y para continuar generando efectos partidarios y extrapartidarios.
Previo a la fractura, las fuerzas tenían dos jefes marcados, ambos provenientes de la Quinta sección electoral. Uno de ellos, el histórico dirigente y senador bonaerense, Alfredo Tati Meckievi; el segundo, el diputado de la tropa colorada y uno de sus laderos, Ramiro Gutiérrez. Sin embargo, la implosión se llevó puesto a todos.
Desde que la división se ratificó, ya con el accionar del PRO Peronismo en la Legislatura como fuerza externa a las líneas de Francisco De Narváez, las señales rupturistas comenzaron a mostrar su cara más álgida.
Observadores políticos repararon en el detalle de que, pese a pertenecer a la misma franja (PJ disidente), Gutiérrez promociona sus aspiraciones con carteles publicitarios, ubicados en la ruta 2, enmarcado en el nuevo eslogan de las huestes del colombiano: “Gobernar bien”.
Su jefe más directo, Tati Meckievi, prefirió una propaganda de similares características, pero lejos de esa consigna apeló a su identidad tradicional: “Peronismo bonaerense en Unión-Pro”.
Obviamente, esto de “peronista” no termina de cerrar a los otros “peronistas”, los oficiales, los kirchneristas, que -en consecuencia- le adornaron su cartel, ubicado en el cristinista partido de Mar Chiquita, con la frase “El peronismo no es Pro, es Cristina”.
Las segundas y terceras líneas justicialista que están afuera también dijeron lo suyo, para desgracia del Tati, que tendrá que abonar un nuevo cartel, nada barato, por cierto.

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