Dilema de Sapag: entre Cristina y Zapatero

El gobierno neuquino encara otro tramo de negociación con los gremios estatales. Poner fin a los conflictos no solo implicará diálogo, sino también más plata. Los recursos no aumentan, y los gastos sí. Mientras el gobierno nacional alienta la continuidad del gasto público como receta, el mundo nos muestra casos dramáticos como el español.
El gobierno neuquino encarará en las próximas horas nuevas y complicadas negociaciones con los sindicatos estatales, para intentar solucionar el conflicto docente, por un lado, y el retorno de otro conflicto cíclico, el de Salud con los empleados de los hospitales públicos.

Llega a esta instancia después de haber dispuesto incrementos salariales (el último, 300 pesos para casi 12.000 empleados públicos del escalafón general) que afectan un presupuesto todavía no aprobado por la Legislatura, y aumentan la incidencia de la masa salarial en ese estimativo que debe velar por el equilibrio de las cuentas públicas.

La solución, aunque sea precaria, a los conflictos que siguen en vigencia no demandará solo diálogo, como a veces parecen inducir a pensar algunos funcionarios y políticos, sino también más plata. Más gasto para el erario público. No se puede ahora decir cuánto, pero de hecho, las propuestas que ya se han hecho al gremio docente lo aumentan en otros 100 millones de pesos al año.

Cuando termine este proceso de negociación, habrá pues que hacer nuevamente las cuentas, pero ya se puede anticipar un resultado: Neuquén seguirá con sus problemas financieros, porque tienen un origen estructural que no se modifica, sino que se acrecienta: sus recursos caen, y sus gastos aumentan.

El mundo da lecciones todos los días sobre qué pasa cuando esto ocurre. No solo tenemos a disposición las propias experiencias (en 1995, el entonces gobernador Felipe Sapag tuvo que recortar los salarios públicos para enfrentar un desequilibrio de caja), sino que se puede mirar Neuquén en un espejo más grande, en lo que está ocurriendo ahora mismo en un país sólido y hasta hace poco de próspera economía, un país al que muchos neuquinos fueron buscando salida a la crisis del 2001. Ese país es España, gobernada por el socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

El gobierno socialista español acaba de disponer un ajuste (prescindimos de la palabra "duro", que parece siempre asociada) que incluye una reducción de 5 por ciento de los haberes de los empleados públicos, y hasta reducción en los haberes de los jubilados.

Zapatero enfrenta ahora a los gremios, que obviamente rechazaron de plano estas medidas, con argumentos iguales a los que han esgrimido aquí, y siguen esgrimiendo, gremios como ATE o como ATEN.

En Neuquén parece que también el árbol no deja ver el bosque. Mientras un sector político-sindical asegura que "plata hay" pero que el gobierno no la quiere gastar en menudencias como la buena salud económica de los empleados del Estado, el gobierno, administrador del Estado, prefiere seguir pedaleando el desfase entre recursos y gastos esgrimiendo como toda razón la expectativa positiva en que los recursos aumentarán.

El alivio producido por el anuncio de la refinanciación de las deudas provinciales que hizo la presidenta Cristina Fernández es relativo. Neuquén no deberá pagar vencimientos por entre 400 y 600 millones de pesos de aquí al 2011. Hay que decir dos cosas centrales: 1) no es desendeudamiento, sino refinanciación: la deuda no se condona, hay que pagarla, solo que con mayor plazo; y 2) no ingresa más dinero a la provincia, por el contrario, lo único que ocurre es que Neuquén no deberá erogar un dinero que estaba ya calculado como déficit. Es decir, en todo caso, la provincia reducirá un poco su déficit, pero no incrementará sus recursos con esta medida nacional, que encima se financia con plata que era de las provincias, ya que el fondo de ATN lo administra el Estado nacional pero no le pertenece.

Así las cosas, mientras los recursos por gas y petróleo decrecen junto con la producción, que cae a razón de 8 por ciento mensual promedio, la única salida para Neuquén pasa o bien por lo que sería una espectacular modificación de la política nacional (que aumentara la coparticipación federal y el precio del gas y del petróleo, vía quitar o reducir las retenciones) o por un inexorable ajuste.

Sapag, así, se debate entre el dispendio con plata ajena que hace Cristina Fernández, o la restricción obligada y a disgusto que tiene que hacer en estos días José Luis Rodríguez Zapatero.

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