Difícil parto de un nuevo tiempo

Por Ricardo Kirschbaum

Marcelo Cantelmi, jefe de la sección Mundo de Clarín y uno de los enviados a El Cairo hizo un agudo análisis de la crisis que tiene a Mubarak con un pie en la salida.

“Egipto hoy es –dice Cantelmi en su columna semanal–, aquí y en el mundo, un Muro de Berlín que está siendo perforado , como el anterior, por una población que exige vivir en una república y no en una cárcel donde la tortura, la censura y la prepotencia definen la razón cotidiana”. En esta descripción se condensa la magnitud del cambio que está sucediendo en el norte de África y que tendrá, muy pronto, una conformación política distinta que, a su vez, repercutirá sobre el sistema de alianzas mundial . Por cierto, mientras Mubarak resiste y EE.UU. busca desesperadamente una fórmula que le permita salvar la alianza estratégica más allá del dictador, una nueva realidad política está naciendo en el mundo árabe.

Así como en 1989 se cayó el Muro de Berlín, demolido por la voluntad libertaria de los alemanes y por el impacto de la perestroika y la glasnost de Gorbachov, determinando la muerte súbita de la URSS, la caída de Egipto sacudirá la región.

Se sabe que el viejo régimen está agonizando, pero aún no está claro cómo será la criatura que está naciendo . Y si los valores republicanos pueden ser garantizados en sociedades en las que la dinámica, la religión y la historia responden a patrones culturales muy distintos a los occidentales. Una certeza, al menos, es que el Ejército, piedra basal sobre la que se asentó la revolución de 1952 de Nasser, seguirá siendo el principal actor político.

El muro que está cayendo es también el de la perpetuación , tentación universal que atrapa a quienes creen que el poder es propiedad personal y que el continuismo es una alternativa al caos.

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