“Es muy difícil ser un buen analista si uno no ha pasado grandes angustias”

“Es muy difícil ser un buen analista si uno no ha pasado grandes angustias”
El reconocido psicoanalista Gabriel Rolón estuvo en Mar del Plata y presentó su primera novela: “Los Padecientes”. En un extenso diálogo compartió con El Atlántico, entre otras cosas, su impresión sobre el vínculo realidad y ficción
Gabriel Rolón es, quizás, uno de los psicoanalistas más famosos de Argentina. Su trabajo en televisión y en radio, sumado a la publicación de dos libros (“Historias de diván” y “Palabras cruzadas”) lo colocan ante la opinión pública como aquel que logró masificar y mediatizar los entretelones del psicoanálisis.

Sin embargo, sus inquietudes como escritor no terminaron en los relatos de los casos de sus pacientes paradigmáticos. Anclado desde su lugar de analista, Rolón se animó a abordar el género de ficción con una novela en la que puede colocarse dentro del género negro argentino contemporáneo.

“Los Padecientes”, su primera novela, es una obra que gana en solidez narrativa al construir una trama en la que el psicoanálisis se convierte en la clave para descifrar una historia cargada de intrigas.

Para eso, Rolón creo a Pablo Rouviot, un álter ego del autor, que se encargará de transitar una serie de situaciones propias de las novelas policiales. Pero también es Rouviot el encargado de utilizar la ficción para poner en debate los temas que el autor cree que son necesarios debatir en torno al mundo “psi”.

Eximio lector del género que ahora aborda como autor, Gabriel Rolón reconoce su admiración por clásicos como Raymond Chandler, Edgard Alan Poe y Adolfo Bioy Casares. “Me gusta mucho Bioy Casares, creo que la invención de Morel y El sueño de los héroes, son dos obras de suspenso extraordinario”, expresó.

También recordó que fue la “Colección del Séptimo Círculo” la que como joven lector lo acercó a las obras clásicas del género policial como “La bestia debe morir”, de Nicholas Blake. Entre los autores contemporáneos, Rolón elige a Guillermo Martínez y a Ernesto Mallo, a quien calificó como “un gran novelista de policial negro que tiene la Argentina”. Su vínculo con Mallo, también tiene que ver con “Los Padecientes”, el hecho de tener una relación de amistad con el autor de “Delincuente Argentino” le permitió consultar cómo abordar al género.

En diálogo con El Atlántico, Rolón recorrió parte de los entretelones de “Los Padecientes” y no escapó a analizar el vínculo entre su ficción y la realidad cotidiana.

-¿Cómo llegaste a incursionar en el género novela?

-A mí me cuesta emprender un proyecto “por las dudas”, hay quienes tienen la necesidad de escribir una novela y luego la presentan en concursos o por ahí no la publican, creo que si no me hubieran contratado la novela y sabía que se iba a publicar, no sé si hubiera podido escribir algo que lleva tanto tiempo –un año y medio de trabajo-. Pero, lo cierto es que hay un capítulo de “Padecientes” que es la primera idea que tuve, que es de hace diez años. Tenía en mente un capítulo, que aquí fue editado de una manera en particular… Había escrito un capítulo en el cual alguien se deshacía de un cadáver… me había gustado narrarlo de esa manera y después dije, bueno a ver: el cadáver de quién, quién es esa persona… tenía esa idea y avanzaba para un lado, para otro, lo dejaba unos cuantos meses, lo retomaba…

-Pero siempre lo tenías ahí, como una materia pendiente…

-Si si, siempre estuvo dando vueltas y siempre tuve ganas de escribirlo, así que ahora que se dio la oportunidad lo hice, aunque sea para que deje de perseguirme (risas).

-¿Estás conforme con el producto final?

-Si, la verdad que sí. Seguramente podría estar mejor escrita si la escribiera otro que escribiera mejor… pero dentro de mis posibilidades creo que la novela da lo que yo puedo dar. A lo mejor dentro de dos años hablamos de nuevo, viste como es el tiempo y la relectura... lo mismo me pasó con los libros anteriores, hoy leo “Historias de diván” y me digo “esto lo hubiera escrito distinto”. Pero, estoy contento… la dejé descansar en mi mente unos dos meses desde que salió y antes de comenzar con la serie de presentaciones la releí para tenerla fresca y ya no estar tan pegado como en todo el proceso de corregirla, terminarla, entregarla, leer la galera, la primera corrección, discutir… hace que en un momento la leas y parezca que nada tiene sentido, parece haberse desdibujado… ahora, dos meses después la leí y la verdad que estoy conforme.

-¿Como lector qué parte de la novela sentís que es el momento mejor logrado?

-La primera parte del libro es la que más me gusta. Esa frase que dice “Pocas cosas se parecen tanto a la muerte como el silencio”, tal vez esa sea la frase que más me gusta de la novela. Después, el comienzo de la segunda parte, hay un momento en el que el protagonista tiene miedo, está nervioso, antes de entrar a la clínica donde va a ver a Javier y recuerda una escena infantil en la cual tuvo mucho miedo, en la oscuridad, en la noche, en el campo… Esa vivencia infantil, ese terror me parece que es uno de los momentos felices, en cuanto a cómo está narrada la novela.

-Muchas veces la ficción sirve como vehículo para plantear debates que exceden la propia novela ¿A vos como psicoanalista, te pasó eso en Padecientes?

-Si, claro… aproveché la novela para plantear algunas cosas que pienso, por ejemplo la relación médicos - psicólogos; el lugar que debe tener la salud psíquica, como derecho de todos los sujetos; también el respeto que hay que ejercer ante estos sujetos pacientes-padecientes, más allá de sus condiciones emocionales… creo que hay unas cuantas que yo pienso y que aparecen jugadas allí en la novela. También aproveché para hablar de cosas que escuché mucho en el consultorio, no un asesinato, sí otras cosas muy duras y muy fuertes que he tenido que escuchar que sufrieron algunos pacientes y que nunca hubiera puesto como pacientes reales, porque eran demasiado fuertes y la ficción te permite poner, también en tela de juicio en los lectores, las cosas que ocurren a veces de un modo más velado.

-Pablo Rouviot, el psicoanalista y personaje central de la novela ¿es una especie de Rolón o al revés?

-Rouviot tiene muchas cosas en común conmigo, por supuesto… me fue cómodo pensarlo así… meterme en la mente de un analista para escribir es algo muy fácil para mí, que me sale naturalmente y me sale verosímil, por ahí si me hubiera puesto en la mente de un abogado me hubiera tenido que pasar llamando a algún amigo abogado para que me diga qué hacen ante cada cosa… En cambio, Rouviot me permitía que el personaje fuera creíble y veraz, porque piensa como pienso yo, tiene una psiquis parecida, al menos en la manera de escuchar, de mirar. Después hay cosas en las que nos diferenciamos, me parece que él tiene más éxito con las mujeres que yo (risas) y por suerte para mí, él es bastante más atormentado que yo, emocionalmente hablando… él es un tipo que puede con las emociones ajenas, pero no puede con las propias, no puede con sus vínculos… se debate entre la mujer amada y perdida; una mujer deseada pero, aún no muy posible, otra mujer deseada, pero prohibida… se le arma como una mezcla con su tema afectivo, que por suerte tiene el anclaje –en esto sí nos parecemos, también- en sus fuertes vínculos de amistad. Esa es otra parte que me gusta de la novela: sus diálogos con Helena, no son muchos, breves, pero siento que ese diálogo fluye y que ahí hay algo…

-Esto del personaje atormentado que se coloca en el lugar del investigador ¿lo creaste de esta manera por una lógica del género negro o porque sentías que el personaje necesitaba una vuelta de rosca?

-Creo que ambas cosas… en primer lugar, el personaje es un analista y es muy difícil ser un buen analista si uno no ha pasado grandes angustias… uno se forma como analista en su propio análisis. Si uno no ha tenido algún tipo de tormento que lo ha llevado a profundizar mucho y a no tenerle miedo a la angustia y adentrarse en la búsqueda, difícilmente sea un buen analista. Entonces, hay algo del tormento que es inherente a la profesión, pero también me permite, ese personaje atormentado, generar una historia paralela a la narración del thriller propiamente dicho. De hecho, hay una cosa que siempre me preocupó -yo que soy muy lector del género- es que a todas las novelas les sobran algunas páginas… siempre aparecen unas cuatro o cinco páginas, casi a modo de epílogo, donde no pasa nada, donde el personaje se termina de acostar con la chica… y uno como lector dice: “me tuvo en tensión tanto y me despido con cuatro o cinco que no me gustan”; a mí este personaje atormentado me permitía que hasta el último punto de la novela hubiera una tensión… digamos que resuelto en thriller propiamente dicho, se jugará algo de la dramática del personaje. Eso me parecía que servía y que me permitía generar una especie de novela paralela con lo que a él le pasaba. Es muy atractiva esa presencia femenina tan permanente y que en la novela no tiene una sola palabra, hablo del personaje de Alejandra, es algo que vuela por encima de la novela todo el tiempo; otra historia.

-¿Creés que el psicoanalista es un buen reemplazo para el detective en el policial negro argentino?

-Si, creo que sí… El que ha logrado un buen detective es Ernesto Mallo, ha desarrollado un personaje que es el Perro Lascano, que es un buen policía, pero no tanto digamos… arrastra algunos vicios y le da un color local a este oficial, que se parece un poco a alguno de los clásicos… Pero nosotros no tenemos una cultura tan detectivesca, entonces me parece que el analista a mí me resultó creíble y creo que al público argentino le va a resultar creíble, porque es un público que tiene mucha cercanía con el análisis.

-¿Tenés pensado darle continuidad a Pablo Rouviot?

-La verdad que estoy recibiendo algunas ofertas que me tientan al respecto, el personaje le gustó mucho a la gente y obviamente surge la idea de escribir uno más o pensarlo como una saga de dos o tres… pero la verdad que recién “Padecientes” está estirando los pies, hay que dejarlo que camine un poco… y hay que ver si yo tengo ganas de contar otra historia.

-En principio, no nació como un personaje que lo tengas proyectado para que viva varias historias…

-No nació así, aunque reconozco que, en el medio hay gente como esa mujer que ya que está ahí le invitás algo y en el transcurso del trago y el diálogo te empiezan a gustar… por ahí llega un momento que en vez de llamar el taxi le preguntás si no se quiere quedar… Me pasó algo así, en algún punto, era para despedirlo al personaje y sacarme esta historia de encima y, termine sintiéndome cómodo… Además, me parece que es un personaje atractivo… hay que ver cómo y qué contexto se puede ponerlo de nuevo en funcionamiento. La grave dificultad de un personaje que se repite, es que no sólo se repita el personaje, sino que uno cuente otra vez la misma novela… hay que ver si se pueden sostener todas esas cualidades que tiene Rouviot, que sobre todo es su escucha, esa es su única cualidad...

-Y su ambición por alcanzar la verdad…

-Si si, su obsesión por la verdad y por la angustia… esas son las características de este personaje, hay que ver si así funciona en una historia más.

-El peso fuerte de la trama está en los pasajes psicoanalíticos ¿tuviste que explicar mucho en términos cuasi teóricos para que se entienda?

-Cada vez que aparece algo psicoanalítico lo explico. Busqué la manera para que esa explicación fuera bajo la forma de un diálogo, de un pensamiento, de una charla de Rouviot con el psiquiatra y marcar ahí las diferencias… tenía que explicar qué es una cámara Gesell y tenía que ver cómo lo contaba, si lo ponía en el narrador, si lo hacía hablar al personaje. Cada vez que aparece algo que requiere que el lector conozca algo de psicología traté de explicarlo para que no se quede nadie afuera. En este sentido, dentro de las muchísimas carencias que puedo tener como escritor, hay una virtud que creo tener que es comunicar de un modo claro cosas que son complejas. Lo vi mucho en charlas que di en teatros en todo el país, charlando de temas muy complejos para gente que no es del ámbito “psi”, creo que en ese sentido me las arreglo bastante bien… A veces es al contrario, en el laburo de edición hubo cosas que tuve que sacar porque, bueno, tampoco vamos a considerar que el lector es tan incapaz.

-¿Pensás que el libro le puede servir al lector para trabajar algún tipo de autoanálisis?

-No creo en el autoanálisis, no hay análisis sin analista. Me parece que es una falacia un poco omnipotente que algunas personas tienen… lo cual no quiere decir que el libro no te sirva para pensar, para rever actitudes… todo libro, si está bien escrito, te deja algo… si leés las primeras cinco hojas de “El retrato de Dorian Gray” y ahí tenés para quedarte rebobinando dos años sobre la sexualidad y el amor, pero quedarse pensando no quiere decir que haga autoanálisis… el análisis requiere de otro que escuche lo que yo no puedo escuchar.

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