Además, hasta el momento no se garantizó la continuidad de programas educativos financiados por la Nación. Temen que el vaciamiento del centro comunitario al que asisten cientos de personas.
El Centro Integrador Comunitario que funciona en el barrio El Martillo no atraviesa por su mejor momento: hay al menos diez trabajadores que no cobran sus sueldos desde hace más de seis meses y otros que tienen contrato hasta el 31 de enero. Además, ni siquiera está garantizada la continuidad de los programas educativos que financiaba la Nación y que contienen a cientos de chicos de las barriadas del sudoeste de Mar del Plata.
Ese es el caso del programa NAC (acceso a las nuevas tecnologías, computación, capacitaciones, alfabetización digital, Tic’s, cine), en el que trabajaban dos profesionales; y del programa de educación barrial(talleres de cocina, circo, mosaico, apoyo escolar y educación popular), a cargo de cinco personas.
Tampoco hay certezas sobre la continuidad del programa Cedecor(evaluación interdisciplinaria, consultas, orientación a personas con consumo problemático de sustancias y accesibilidad al tratamiento gratuito), cuyo cierre está previsto para el 31 de marzo.
Los talleres de música para niños y jóvenes, en tanto, están suspendidos desde el 31 de diciembre; mientras que los siete trabajadores a cargo de la Casa Educativa Terapéutica, en la que se da tratamiento gratuito a personas con consumo problemático de sustancias, aún no cobran sus salarios
En el caso del bachillerato popular (bachillerato de educación secundaria básica para adultos no formal que funciona desde hace 4 años), hay once docentes con salarios adeudados.
En la misma situación se encuentran una trabajadora municipal con contrato hasta el 31 de enero y otras dos del Ministerio de Desarrollo Social de Nación.
Desde la Mesa de Gestión Local del CIC El Martillo advirtieron que temen que no se continúe con las actividades que concentran a unos 70 niños y jóvenes por día en el edificio de Coronel Vidal 2665, en donde además hay merendero tres veces por semana. “Empezamos a hacer la copa de leche porque los chicos salen de la cama y se vienen directo para acá”, reconocieron al ser consultados por 0223.
“La verdad, si el CIC continúa funcionando es porque la gente tiene buena voluntad y compromiso. El problema es que con voluntad no se paga el alquiler ni se mantiene a una familia”, razonaron.
A su vez, repararon en que el cierre de la guardia de 24 horas en la salita del barrio los afectó, ya que los vecinos de los barrios Las Heras, Pueyrredón y San Martín acuden a los cuatro consultorios médicos que tienen en el CIC, y en los que realizan prevención primaria de la salud. “Dicen que iba poca gente a la guardia y por eso los amontonaron en la sala de Guanahani, que está totalmente colapsada”, manifestaron.
Y como si fuera poco, la cooperativa que se ocupaba de la seguridad de las instalaciones se retiró por falta de pago por parte del municipio. “Los mismos vecinos –incluso mujeres con chicos chiquitos- se turnaban para cuidar el lugar. Al final, el municipio envió a la Policía Local, pero no de forma permanente”, indicaron.
En este marco, los trabajadores del Centro se declararon en estado de alerta y pidieron a los vecinos que los acompañen en la defensa no sólo de los puestos de trabajo, sino también de las políticas públicas que garantizan que cientos de personas tengan acceso a múltiples derechos
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