Con los dientes apretados

Con los dientes apretados

Luego de la alegría por la clasificación, en Núñez sienten que el triple play de superclásicos les llega con el ánimo en alza y ya tienen la receta para jugarlos.

Vos pensalo así, podías estar afuera de todo. Algo de fe había, sí, pero podías estar afuera de todo. Si Juan Aurich metía esos mismos cuatro goles pero si no se comía cinco ... Jugar contra Boca es difícil, hay que mejorar mucho, muchísimo, pero es un regalo. Y mirá si los dejamos afuera”. Los hinchas comentan por la calle. Que sí, que hay fe, por eso de que los-superclásicos-son-partidos-aparte-y-no-importa-cómo-venga-cada-equipo, porque hace menos de seis meses ya tocó y, bueno, ya todos saben: qué viva la mano de Barovero y qué viva el fútbol, Pisculichi. Y es cierto, hoy Pisculichi no hace vivir al fútbol como antes, ya no le cocina cosas muy ricas, a lo sumo le deja unas hamburguesas descongelándose en la bacha de la cocina y que el fútbol se las arregle. Y es cierto, River pasó último, colgado del estribo, y Boca con puntaje ideal, cien mil goles a favor y medio gol en contra. Es cierto, tanto como que puede pasar cualquier cosa. Tanto como que la suerte estuvo del lado de River en la Sudamericana pasada, en ese penal milagroso que Gigliotti pateó con un láser en la cara que le dejó la jeta verde para siempre. Y la suerte estuvo del lado de River, hasta aquí, en esta Libertadores. Porque la Copa, entre alturas, campos de juego sintéticos, equipos que viajan a jugar casi sin jugadores en el banco (y hacen cinco goles) y otros que casi ni viajan, que ahora que clasificó a octavos de final deberá jugar, paradójicamente, contra un club que ni siquiera se clasificó a la Libertadores ... O sea: esto da para todo. Y los jugadores de River lo saben, y hablan entre ellos como los hinchas hablan por las calles en cualquier parte del país, porque de lo único que hablará todo el mundo en cualquier comisura de tierra de la Argentina de acá al 13 de mayo (y, en realidad, varias semanas, tal vez meses o años después también) será de los River-Boca coperos más el aperitivo de la Bombonera por el torneo local.

Y el plantel está mo-ti-va-do, como diría alguien. Sienten que el clásico no podía llegar en un momento anímico mejor, después de salir de las cenizas, ya casi prendidos fuego, como quien se tira en un bungee jumping desde una montaña, atado a un elástico, cae sobre un lago, se sumerge hasta hacer pie y luego sube con fuerza duplicada. A veces es necesario tocar fondo para agarrar impulso y salir a flote. Y el impulso de River es el nivel anímico que maneja el plantel después de la clasificación del miércoles. Ya lo dijo el propio Marcelo Gallardo, que cree que ese envión puede ser importante para lo que se viene y que se tienen que aferrar a eso.

Y en eso andan los tipos, intentando pensar en Banfield, luego en la Supercopa Argentina contra Huracán en San Luis, algo no menor como para seguir sumando trofeos como figuritas en el ciclo del Muñeco. Sí, intentarán pensar en todo aquello, lo intentan, pero con la certeza de que, detrás, asoma algo bastante más grande, algo que definirá el humor del semestre, acaso del año, pase lo que pase.

Este plantel ya sabe algo del tema...

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