La escultura de la niña judía será emplazada el próximo mes. Fue restaurada por el autor original.
Todavía no se sabe con exactitud qué día, y nadie se atreve a arriesgar una fecha probable por temor a un nuevo papelón. Y es que la estatua de Ana Frank no admite más confusiones ni equivocaciones, no admite más burlas ni más mentiras. Sólo dicen que el homenaje a la emblemática niña judía volverá a emplazarse en diciembre.
“La vamos a volver a poner cuando realmente esté lista”, reconoció Francisco Marchiaro, el secretario de Cultura de la Municipalidad, quien dijo estar monitoreando la restauración aunque desde afuera. “Esa estatua fue donada por la Daia, la reparación inicial estuvo a cargo de la Daia, y la restitución es impulsada por la Daia”, se despachó Marchiaro, aunque admitió estar en contacto con la gente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas.
La escultura de Ana Frank tiene historia, y no sólo por el simbolismo de la niña judía que murió de tifus a los 15 años en un campo de concentración nazi, y que inmortalizó en un cuaderno –que fue publicado como libro por su padre– años de vivir escondida.
En Córdoba, Ana Frank remite a otra historia: la de una estatua que fue decapitada durante una manifestación, y que al ser “restaurada” se transformó en objeto de burlas por la desproporción entre el cuerpo y la cabeza. La reparación estuvo a cargo del ex presidente de la Daia, Isaac Nahmías, quien se había adjudicado la autoría de la obra, que luego se supo había sido hecha por el artista Carlos Belveder. Por estos días, Belveder ultima detalles para restituir la estatua.
La otra historia de Ana Frank
En 2013, durante una manifestación, la estatua de Ana Frank que estaba frente a la Plaza España fue decapitada por vándalos.
Nahmías la “reparó”, pero con una cabeza desproporcionada y con pocos rasgos de niña.
Tras la polémica, el autor original se hizo cargo de la restauración, y será emplazada en diciembre.
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