Dicen que Mendoza "robó" el Aconcagua

Dicen que Mendoza "robó" el Aconcagua
En San Juan aseguran que “hace 80 años” parte del cerro estaba en su provincia, pero que un conflicto de límites con nuestra provincia en los años ‘30 los dejó sin nada. Expertos mendocinos lo desestiman y defienden el acuerdo de 1966 que zanjó la discusión.
¿El Aconcagua era sanjuanino? ¿Alguna vez se comieron allí semitas y no tortitas mendocinas? ¿Fue antes jachalino que lasherino? El Coloso de América, un ícono turístico de Mendoza hacia el mundo, sería “importado”. Al menos así lo sostuvo un fallecido historiador de San Juan que ahora ha sido rescatado en la vecina provincia para reivindicar parte de la montaña como un pedazo de tierra suya.

El estudioso en cuestión se llamó Horacio Videla y es una luminaria en su provincia gracias a su muy difundida “Historia de San Juan”. Además, fue vicegobernador y diputado provincial y llegó a crear el banco oficial. Murió en el año 2000 a los 95 años y es recordado como un político e intelectual de fuste.

La cuestión es que Videla sostuvo siempre que Mendoza le “birló” el Aconcagua a los sanjuaninos en la década del ‘30, al menos la parte norte de la cumbre más alta de los Andes, que para él le correspondía históricamente a San Juan. Y no estaba solo en esa apreciación: aún hoy hay especialistas que sostienen que la vecina provincia se dejó estar y que el “afán imperial” mendocino logró llevar el Coloso para su molino.

“Mendoza presionó con ese afán imperial que tiene y se quedó con todo el Aconcagua, con las cuatro paredes, es un absurdo desde todo punto de vista. Están los responsables que firmaron, vaya a saber si habrán recibido presiones porque desde el siglo XIX se sabía que era el pico más alto de América y lo que eso podía redituar”, declaró el profesor de Historia, Edgardo Mendoza, al diario Tiempo de San Juan, que ayer publicó una nota recordando esta polémica bajo el título “Hace 80 años, cuando el Aconcagua era sanjuanino”, una versión que sostiene hasta el gobernador José Luis Gioja, según ese medio.

El origen del conflicto

La historia se remonta, entonces, a la década del ‘30. Más precisamente a 1934, cuando estalló un conflicto de límites entre las dos provincias referido a las cuencas hídricas de los ríos Mendoza y San Juan y que se zanjó con una resolución del Instituto Geográfico Militar (antecesor del actual Instituto Geográfico Argentino) que “corrió” la línea que separaba Mendoza de San Juan un tanto más al norte.

Allí -dicen en San Juan- el Aconcagua quedó todo del lado de Mendoza, porque el estudio de los nuevos límites encargado por el Instituto Geográfico fue (denuncian) parcial, porque estuvo a cargo de un ingeniero mendocino, Roberto Guevara, a sueldo del gobierno de nuestra provincia (en ese entonces era mandatario Guillermo Cano). Es decir que la “viveza” mendocina pudo más que los derechos sanjuaninos.

Debido a esto, durante dos décadas ningún gobernador de San Juan aceptó suscribir este acuerdo limítrofe, al parecer ofendidos por la supuesta maniobra de sus vecinos. Hasta que en 1961, ambas provincias acordaron un arbitraje jurídico que se definiría en el Congreso Nacional. De ese debate participó el mencionado Horacio Videla, quien sin embargo renunciaría poco después como comisionado sanjuanino enojado con la “intransigencia” de Mendoza.

Finalmente, la pipa de la paz se fumó el 25 de junio de 1966, cuando los gobernadores Francisco Gabrielli (Mendoza) y Leopoldo Bravo (San Juan) suscribieron un acuerdo que delimitó toda la frontera entre ambas provincias, tal como estaba hasta el momento. Es decir, con los límites que se habían establecido en 1934, cuando nuestra provincia se había hecho con parte del territorio vecino, unos 12 kilómetros que para Mendoza (el historiador sanjuanino con apellido “enemigo”) le negaron a su provincia para siempre la posibilidad de disfrutar como propia de la montaña más alta de América.

“El acuerdo habla mal de los sanjuaninos que firmaron en ese momento porque fue una agachada muy grande, cuando tenían todos los elementos históricos para ganarlo”, reconoció el especialista al diario Tiempo de San Juan.

Respuesta mendocina

Sin embargo, especialistas locales consultados por Los Andes rechazan los argumentos sanjuaninos afirmando que nunca estuvo en disputa el Aconcagua durante ese conflicto de límites. El historiador Adolfo Cueto (UNCuyo) asegura que tanto la documentación como la bibliografía de la época “en ningún momento hablan del cerro Aconcagua.

El límite en disputa llegaba aproximadamente a la zona de la cordillera del Tigre, un poco antes de Uspallata”, recuerda, basándose en una publicación de la Junta de Estudios Históricos de 1936 que citó una investigación sobre “Antecedentes de los límites provinciales”, del experto Adolfo Stegmann.

“Cuando llega a 1936, más o menos en la época del conflicto, habla de los lugares que corresponden a cada provincia y nunca se acerca a lo que podría ser el Aconcagua”, ratifica Cueto.

También Rolando Lucero, especialista en Geografía Política, sostiene que en ningún mapa -esos que abundan en su casa de Dorrego, de todas las épocas- figura el Aconcagua del lado de San Juan. Y desempolvando un boletín del Instituto de Geografía de la UNCuyo de junio de 1966, que muestra un mapa con la fallida pretensión sanjuanina sobre un vértice del Aconcagua, responde: “Si el acuerdo fue producto del ‘sentimiento imperialista’ de Mendoza, como lo llaman allá, no está en discusión. En los tratados se aplica el principio ‘pacta sunt servanda’: o sea, ‘lo pactado, obliga’, lo pactado está”.

¿A llorar a la iglesia? Sigue Lucero: “Los tratados de cualquier jurisdicción (interdistritales, departamentales, provinciales o internacionales), son tratados que se firman siempre en funcion de la confianza, la honestidad o el sentido común de ambas partes. Y esos acuerdos tienen que ser ratificados por las cámaras de cada jurisdicción y convalidados por el poder de turno. La ley nacional 22.200 del ‘80 ratifica a nivel nacional el acuerdo de las partes. No es espíritu imperialista si lo ratifica la Nación”.

Esa ratificación de la que habla el experto de la UNCuyo (ya jubilado) es la que dio cierre definitivo al diferendo, una ley dictada por el gobierno militar en 1980 que confirmó los límites acordados en 1966 (con o sin el Aconcagua en la discusión, según quién lo mire). “Es toda una ironía porque al Aconcagua no lo ves bien desde Mendoza, la vista está de este lado, desde el puente de Sorocoyanse es la más bella, allí se ve como no se ve desde ningún lado. Así que quien quiere ver bien el Aconcagua tiene que venir San Juan”, dice orgulloso -pero derrotado- Mendoza, el historiador sanjuanino.

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