El presidente del Banco Provincia, y uno de los referentes del sciolismo, Gustavo Marangoni, pide un mayor debate interno, donde se acepte la pluralidad de ideas y propuestas y no sea una herejía hablar de “continuidad con cambios”. Críticas a los aplaudidores y confianza en Scioli 2015
“Creo que es bienvenido el debate de ideas. Cuando te responden con ideas, con puntos de vistas diferentes, no hay ningún problema. La cuestión es cuando salen las conductas stalinistas, o el agravio, o los pedidos de expulsión, como si fuesen el Sóviet Supremo”. Esta fue la primera frase de Gustavo Marangoni en su encuentro con La Tecla en el despacho de la presidencia del Banco Provincia.
Habló recientemente de “progresismo berreta”, y eso le valió el cruce mordaz de varios kirchneristas, aunque no precisamente del ala más izquierdista. El funcionario ahonda en el tema con la intención de sostener un debate interno y de demostrar que plantear la “continuidad con cambios” no es dejar de pertenecer.
Dice Marangoni: “En general, si vos aplaudís mucho, las manos se te ponen rojas, porque la sangre irriga mucho hacia las manos e irriga menos a otras regiones, por ejemplo, el cerebro. El tema de tener las manos rojas y el cerebro en blanco, no es bueno, lo bueno es tener la capacidad de poder debatir. Lo que hice fue un llamado a discutir conceptos, eso no tiene que poner nervioso a nadie. Justamente planteé la necesidad de un peronismo que utilice las PASO para darse un gran debate y una gran discusión. En algunos hay un abuso de los términos ‘soldado’, ‘enemigos’, ‘jefe’, que es toda una terminología que no tiene nada que ver con la democracia de partidos”.
-¿Primero hay que ordenar al Frente para la Victoria adentro?
-El adentro y el afuera es a la vez, porque todos los partidos tienen que darse espacios de discusión. Porque si la gente ve que adentro de los partidos no se debaten ideas y conceptos y solamente se debaten personas y candidaturas, o que vamos hacia una falsa antinomia de está todo bien o está todo mal, la sociedad dice “¿qué, la discusión va a ser entre un oficialismo bobo y una oposición boba?”. Yo estoy orgullosamente dentro del espacio oficial porque soy peronista.
-Cuando dice partidos, ¿se refiere al peronismo o al Frente para la Victoria?
-Me refiero al peronismo. Mi identidad es el peronismo, que es parte del Frente para la Victoria. Pero lo que planteo es la importancia de que todos los partidos nos abramos a las discusiones de ideas, de conceptos, sin caer en blanco o negro. Algunos dijeron que hablaba de inflación; yo no hablo de inflación, la sociedad habla de inflación. ¿Qué vamos a decir, que no hay? Ahora, es legítimo plantearse que para enfrentar el fenómeno de la inflación puede haber recetas ortodoxas y heterodoxas, y que nosotros vamos a ir por el lado de los caminos que preserven los logros conquistados en esta época. Pero, ¿por qué querer suprimir el debate diciendo “afuera”?. No corresponde con la dinámica de los partidos, y yo digo que hay un déficit del peronismo con la democracia, y lo digo como peronista.
-¿Cuál es ese déficit?
-El déficit es que un partido que en 70 años solamente eligió su fórmula presidencial por el voto directo de los afiliados una vez, en 1988, tiene mucho para avanzar en su democracia interna. Las PASO son una buena herramienta para debatir el año que viene; no sólo las candidaturas de las personas, sino también debatir ideas, proyectos y propuestas, para todos los cargos.
-¿Pero ir con muchos candidatos en las PASO no es perjudicial para el espacio y para el eventual ganador?
-Qué mejor que la competencia interna, que es muy buena. No sé cuántos candidatos habrá, cualquier cosa es mejor a que haya uno solo. Las candidaturas naturales no sirven.
-¿No le gustaría que Scioli sea el elegido por el FpV como el único candidato?
-Ganando en competencia con otros, teniendo la oportunidad de debatir el presente y el futuro de la Argentina; así lo quiero. Y Daniel va a ser candidato a Presidente, y después Presidente, como lo fue siempre: compitiendo.
-¿Las encuestas no sirven? Porque casi siempre se elige al que mejor mide.
-Pero no se puede suprimir una elección mediante una encuesta. Yo soy de la idea que la democracia de partidos y las instituciones se fortalecen con debates, discusiones, competencia. Y una vez que la competencia termina, apoyamos todos al que ganó. Y el que gane tiene que contener y representar también a aquellos que compitieron. Otro concepto de la democracia boba es que el que gana se queda con todo y el que pierde tiene que convertirse fielmente al credo nuevo, y no es así. Entonces creo que hay algunos que tienen semillas de intolerancia que no se corresponden con la necesidad presente y futura de Argentina. La Argentina, entre otras cosas, necesita una democracia de mayor calidad.
-A veces la intolerancia viene de la propia cabeza.
-La intolerancia no es buena en nadie. Y uno mismo puede encontrarse con actitudes intolerantes propias, en cualquier or-den de la vida, porque nadie tiene una conducta virginal; pero cuando identifica esas conductas intolerantes las tiene que corregir. La intolerancia no se puede plantear como una virtud que yo tengo, y si vos no opinás conmigo te tenés que ir.
-¿Qué es para usted el progresismo?
-No digo que sean todos, pero hay algunos que se identifican con ese rótulo que son prejuiciosos, que tienen muchas consignas y permanentemente, como decía mi abuela, buscan colgarles el San Benito a otros: “Este no es progresista, éste es de derecha, éste es esto, éste es lo otro”; y no sé de dónde sacan esa autoridad para hacerlo.
-¿Hay más autocalificados de progresistas que progresistas reales?
-En algunos casos, sí. Algunos son, a lo mejor, genuinos, y tienen una trayectoria de coherencia. En otros casos, me parece a mí que hay una suerte de mezcla de Che Guevara y Armani.
-¿Son los que se ponen las manos rojas? ¿Y están en el palco, en la primera fila o más atrás?
-Los hay en todos lados, no se trata de un lugar o de otro. Perón decía: “A una idea se la vence con otra mejor”, no con una descalificación. Lo que me parece de baja calidad es el hecho de colgar etiquetas para suprimir discusiones. Así como hay peronistas que creen que tienen el peronómetro; a mí jamás se me ocurriría medir el grado de peronismo de otros. No estamos hablando de purezas, de impurezas, de quiénes son los más celosos guardianes de la doctrina y quiénes son herejes. Hay gente que se confunde: nosotros hacemos política, no religión. En la religión hay pecadores, en la política hay gente que piensa diferente. Si la religión suprimió la sagrada inquisición, no veo por qué la política tenga que mantener la sagrada inquisición.
-Justamente en la diversidad de ideas están los límites de los partidos, no todos pueden ser peronistas, o del FpV.
-Por supuesto. Lo que creo es que algunos tienen conductas autoritarias, y eso hay que desterrarlo definitivamente. Que dos compañeros no coincidan en algunos aspectos no significa que uno de ellos sea un traidor o un desleal.
-Usted también habló en La Nación de populismo de baja calidad. ¿El populismo no es siempre de baja calidad?
-(Piensa) Habría que hacer análisis históricos; creo que hay momentos donde las políticas populistas permitieron saltos enormes en la calidad de vida de la gente. Pero eso después siempre se tiene que consolidar en instituciones, porque, si no, esos progresos llegan y se van. Claramente, las políticas del siglo XXI tienen que ser más institucionalistas, más republicanas.
-El momento histórico fue allá en el ‘45.
-El que hablaba que la organización vence al tiempo era Perón. El que hablaba de institucionalizar era Perón. El desafío nuestro es ése: institucionalizar, respetar la división de poderes, respetar los valores de la Constitución, respetar las libertades individuales y sociales. Institucionalizar quiere decir que los logros dependan menos de personas y queden más consolidados en el tiempo.

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