En el precario asentamiento de Saavedra y Neuquén se hacía muy complicada la operatividad de los efectivos policiales. En tres o cuatro casillas próximas entre sí, sindicadas como aguantaderos, fijaban domicilio más de 30 sospechosos.
Con la entrega de viviendas del Plan Federal en la zona de Villa Delfina se pudo concretar esta medida que estaba pendiente desde hace casi una década y había sido anunciada durante el gobierno del intendente Rodolfo Lopes.
Además de favorecer a unas cincuenta familias de trabajadores, que mejorarán su calidad de vida con las nuevas construcciones, terminará por aliviar el trabajo de operatividad policial, complicado en la área caracterizada por la chimenea, a partir de su componente conflictivo, su particular geografía y su falta de urbanización. Allí, quienes delinquían se mezclaban entre los que procuraban ganarse la vida de manera digna y estos, por temor a represalias o encubrimiento, conspiraban a favor de esa mimetización.
En el asentamiento existían unas 50 casillas de chapa, madera y cartón -también algunos inmuebles de material-, en medio de senderos de tierra a los cuales se accedía con mayor facilidad de a pie o con vehículos que no sean de cuatro ruedas. Según un relevamiento oficial de 2010, a cargo del área de Promoción Social de la Municipalidad, habitaban esa franja 63 hombres y 69 mujeres, la mayoría menores de 30 años, conformando 42 familias, en general numerosas y monoparentales con jefatura femenina.
En ese marco, durante los últimos tres años, más de 30 personas acusadas de delitos -varios reincidentes- fijaron domicilio -algunos inexistentes o incomprobables- en un radio de no más de 30 metros, siempre dentro de la Quilmes vieja.
El dato llamaba la atención de las autoridades policiales, teniendo en cuenta la imposibilidad que semejante cantidad de personas ocupara un radio tan acotado.
Los domicilios señalados como conflictivos eran direcciones entre el 1250 y el 1300 de la calle Saavedra y también entre el 234 y el 260 de Neuquén, una especie de diagonal que dividía el asentamiento y que se comunicaba con la otra arteria por peligrosos pasadizos.
Esa extrañeza dejaba en claro que muchos de los sospechosos venían y se iban y, pese a fijar domicilio en ese sector, no eran de Bahía Blanca.
Las acusaciones apuntaban, fundamentalmente, a dos menores de 14 y 15 años y unos 30 adultos (incluidas cinco mujeres) de entre 19 y 49, imputados por delitos que van desde daño, hurto y robo a lesiones, resistencia a la autoridad e infracción a la ley 23.737, de drogas.
El disparador de esta situación particular, que parece erradicarse al tiempo de la villa, fue un ataque armado del que fue víctima, hace justamente un año, Roberto Horacio Alarcón Revillard.
Al hombre, nacido en Chile, lo encontraron herido de bala en plena vía pública de la vieja Villa Quilmes, aunque ninguno de los vecinos consultados por la policía lo conocía ni sabía quién lo atacó.
Sin embargo, Alarcón Revillard fue detenido mientras estaba internado, por pesar sobre él un pedido de captura por un hurto. En dos causas anteriores había fijado domicilio en Neuquén 240, a metros de donde apareció lesionado, pero nadie del lugar, supuestamente, lo tenía visto.
"Hemos detectado que viven de manera transitoria personas vinculadas con modalidades delictivas particulares y que es difícil obtener información de parte de los residentes estables. El ejemplo más contundente es el de este hombre herido", había admitido en ese entonces el comisario mayor Gustavo Maldonado, jefe regional de la policía bonaerense.
En la villa se mimetizaban con la gente de bien visitantes "golondrina", muchos de ellos provenientes de Neuquén o de tierras chilenas y sindicados en el ambiente marginal como "pungas".
Una fracción del barrio ya había sido erradicada tiempo atrás mediante otro plan de viviendas que se instaló en terrenos de Thompson y Río Negro.
El origen
La villa se había asentado en ese lugar hace unos 60 años y lleva el nombre de Quilmes por la cervecería homónima, también conocida como Argentina, que funcionara en el lugar desde 1910 y cuyo único recuerdo material, en la actualidad, es la gran chimenea de ladrillo vista.
En 1955, distintos avatares económicos hicieron que las instalaciones funcionaran unos 15 años más, hasta su cierre definitivo.

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