Lo capturaron en una localidad de Tucumán. Se escondió en lo del abuelo.
Anduvo prófugo más de dos meses, hasta que el lunes–en horas de la siesta tucumana–, personal de Homicidios de la Policía lo capturó en plena vía pública de la localidad de Tranca, 90 kilómetros al norte de San Miguel de Tucumán.
Claudio “Nerola” Gómez, de apenas 18 años, fue detenido acusado del homicidio de Narváez y de las gravísimas lesiones que le ocasionó a un amigo de la víctima, Mauricio Rodríguez (quien estuvo largo tiempo internado en el de Urgencias).
El sospechado se esfumó del barrio, junto a su familia, tras conocerse el crimen contra Narváez. Algunos vecinos dijeron verlo merodear la zona. Pero nada contundente.
Tenían razón: “Nerola” se fue a Tucumán a la casa de su abuelo materno a refugiarse. Estuvo un tiempo y volvió a sus pagos, tierras en las que era amo y señor.
Era el líder de una banda asociada al narcotráfico que arreglaba las disputas a tiros y amenazas.
Hace un mes, volvió a Tucumán. Se alojó en la casa de unos amigos de su abuelo.
El caso. Por el caso de Leandro Narváez ya había dos detenidos, uno de ellos menor.
Para el fiscal Marcelo Hidalgo, a cargo de la causa, faltaba la pieza clave: el acusado como autor material de esos disparos.
“Nerola” le había disparado a Rodríguez previamente en una pelea barrial por el territorio. Narváez fue a recriminar el ataque a su amigo y terminó muerto.
Los familiares del imputado también huyeron, por miedo.
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