Dos detenidos por el asesinato de un hombre en el sur de la ciudad

Dos detenidos por el asesinato de un hombre en el sur de la ciudad
Los arrestados son la ex de la víctima y un hombre que tendría una relación con ella. La mujer dijo que lo hirió al defenderse.

Marcela del Rosario Gil tenía las ropas ensangrentadas cuando los policías de la División Homicidios se entrevistaron con ella, ayer a la madrugada. La mujer, de unos 30 años, contó que ella había matado a Fernando Quiroga, su ex pareja y padre de sus cinco hijos, cuando éste entró a su casa, la 18 de la manzana F del barrio San Luis XV, a insultarla y golpearla. Pero esa confesión espontánea no cerró las sospechas en Gil. Según versiones, cuando ocurrió el homicidio, en la vivienda también estaba Claudio César Brito, un vecino que tendría una relación con Gil. Por eso, con algunas sospechas de que él tenga participación en el hecho, los investigadores allanaron su vivienda y lo detuvieron, ayer a -la tarde.

En la requisa en lo de Brito –es la casa 4 de la manzana N del mismo barrio– la Policía halló una bermuda bordó y una musculosa azul oscuro Nike con máculas que serían de sangre. Una pericia confirmará si, en efecto, “son manchas hemáticas, y en caso de ser así, si es humana y si el tipo y factor corresponde a la víctima o a los sospechosos”, explicó una fuente de la causa.

Brito fue sacado de su casa a las 18:35, en medio de un procedimiento encabezado por los agentes de Homicidios, quienes contaron con la colaboración del Comando Radioeléctrico y el Grupo Especial de Operaciones Tácticas Urbanas (Geotu).

El operativo se desarrolló con tranquilidad: Brito no se resistió al arresto y la familia de él, que estaba visiblemente afectada por la situación, permitió que los efectivos hicieran su trabajo.

Gil fue arrestada en la madrugada, poco después del asesinato. “La Policía fue avisada a las 01:45 de que había una persona herida de arma blanca por un problema familiar. (Los agentes) fueron, hablaron con Gil y vieron que en su cuerpo y prendas tenía manchas hemáticas. Manifestó que tuvo una discusión con Quiroga y que se defendió (del ataque del hombre). Dijo que como la agredía, él tenía desde 2010 una restricción para acercarse”, resumió el comisario Walter Contreras, jefe de la División Homicidios.

El jefe policial dijo que Quiroga habría estado alcoholizado cuando se presentó en la vivienda, al parecer, infringiendo un mandamiento judicial. Ayer, los efectivos de Homicidios le pidieron a las comisarías que le informen si había denuncias por violencia.

La mujer aseguró que cuando su ex entró de modo repentino por la puerta, que estaba abierta, ella cenaba con cuatro niños. Según la Policía, ella en ningún momento refirió que en su casa había un adulto. “Pero vecinos que escucharon el problema y los gritos dicen que en ese momento estaba ‘Queco’ Brito, quien tendría una relación con Gil”, dijo la fuente.

Una estocada al corazón

El forense Ricardo Torres estableció en la autopsia que Quiroga murió por un shock hipovolémico agudo. Precisó que recibió una sola estocada, entre la quinta y la sexta costilla, y que el puntazo le atravesó el corazón y le extinguió la vida prácticamente en el acto.

La Policía encontró a Quiroga ensangrentado “tirado en el piso de la cocina-comedor; tenía la espalda apoyada en una cocina, y la cabeza (posada) sobre una puerta, con el rostro hacia abajo. Una de las piernas estaba extendida, y la otra, la izquierda, estaba flexionada”, describió Contreras. En la casa había desorden.

Al hacer la inspección, la Policía encontró dos cuchillos con manchas de sangre. Uno de ellos tiene un filo tipo serrucho y cabo de plástico rojo con lunares. El otro estaba roto: el filo fue hallado debajo de una mesa, y el cabo, bajo un mueble de la cocina.

Cuando la revisó el médico policial, Gil tenía un raspón en el antebrazo izquierdo, dijo una fuente.

Los gritos de los hijos de Gil y Quiroga alertaron a los vecinos, aseveró. El informante estimó que el juez que interviene en el caso podría ordenar que los menores declaren en la Cámara Gesell, una habitación preparada para que los chicos –en especial aquéllos que son víctimas o testigos de un delito– cuenten lo que vieron o escucharon.

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