Desvío por obras en la ruta 34 se convirtió en una trampa para los automovilistas

La zona de acceso a Rosario por la ruta 34 se convirtió en una trampa peligrosa para los automovilistas. El tramo de desvío que la contratista de las obras viales dispuso para la continuidad de Baigorria a la altura de calle Grandoli y para ingresar a la ciudad por Suárez al 2700 se transformó en una emboscada para toda clase de vehículos.
Vandalismo, destrozos y robos son moneda corriente al caer el sol, cuando el tránsito debe aminorar su marcha para cruzar las vías del ferrocarril en la zona y los automovilistas son interceptados por gavillas de delincuentes a punta de pistola o simplemente a piedrazos. La Capital recorrió ayer la zona donde una mujer fue salvajemente atacada para robarle la moto y donde varios micros de larga distancia fueron interceptados y asaltado casi todo el pasaje.

   Ingresar de noche a la ciudad por la ruta 34 es toda una aventura. Es que las tareas de construcción del ingreso vial sobre la continuidad de calle Baigorria presentan un estado avanzado pero aún mantienen a la vista la remoción de tierra, máquinas viales y estructuras de hierro y hormigón.

   Y entre piedras, cables y hierros este sector es terreno fértil para la inseguridad. Ayer a la madrugada una mujer de 30 años fue interceptada por jóvenes que la apalearon para robarle la moto en la zona donde se produce el desvío por calles interiores. La víctima debió ser internada en el policlínico Eva Perón con fuertes traumatismos.

   Pero no fue el único hecho violento del fin de semana. Dos choferes de un colectivo de larga distancia sufrieron cortes en el rostro al ser emboscados a piedrazos en el medio de la noche cuando debieron circular por el desvío. El micro había partido desde Salta con cuarenta pasajeros con destino a Buenos Aires cuando a metros de llegar a Circunvalación una lluvia de proyectiles impactó contra el parabrisas y las ventanillas.

   El estallido de los vidrios le produjo cortes en el rostro al conductor quien debió frenar el ómnibus. Pero lo peor no había pasado. Los delincuentes forzaron con una barreta la puerta y le pidieron dinero. Los trabajadores del volante debieron ser derivados también al Eva Perón.

   También un camionero resultó víctima del vandalismo como consecuencia de un cascotazo.

Surrealista. Si hay una situación que pueda graficar la impunidad en la zona, es la presencia de una cuadrilla de seguridad privada contratada por Telecom exclusivamente para custodiar 20 metros de cable telefónico. “Ya lo robaron siete veces y no lo pueden enterrar para el tendido subterráneo porque se necesita la autorización de la empresa de ferrocarril Nuevo Central Argentino”, explicó uno de los agentes sentado en un utilitario y mirando el arco que dibujada el tendido entre poste y poste.

   Según se indicó la firma telefónica desembolsa 50 mil pesos diarios en seguridad las 24 horas para que el cobre que contiene el cableado no sea robado. Mientras vigilan su objetivo, los empleados ven de toda clase de hechos que ocurren alrededor.

   “A la madrugada, acá es tierra de nadie y peor sobre las vías del ferrocarril, donde los autos tiene que disminuir la velocidad para cruzar”, apuntó uno de ellos, para agregar: “Está todo oscuro y cuando la gente se quiere dar cuenta ya tiene a dos o tres encima con una pistola o un cuchillo”.

   Desde una garita Javier, un empleado contratado por la concesionaria para que no se roben las herramientas de la obra vial, coincide con el diagnóstico. “¿Robos? Muchísimos”, contesta el hombre para indicar que cuando los colectivos desvían por Nuevo Alberdi “salen los pibitos que están en la plaza y los encierran para robarles. Están armados, con garrotes o piedras, y esto lo sabe todo el barrio”.

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