Están ubicados en el sector de 51 y 23. Bronca de los vecinos
Alberto Ibarguren, quien ayer fue a caminar poco después de las 15 al parque San Martín vio como una ingrata sorpresa el panorama que había en el sector de 23 y 51, donde los bancos de diseño moderno, construidos en hormigón, habían quedado destruidos y algunos fueron desplazados. “Acá tuvieron que actuar varios. Uno solo no puede hacer semejante maldad y correrlos. No se con qué idea hacen maldad en los espacios públicos. Debe ser gente que habrá tomado de más y se vino a molestar a la zona”, contó el vecino, quien suele ir entre dos y tres veces a caminar al predio.
En tanto, Cristina Ayala remarcó que “el daño por el daño mismo es una práctica que se extiende en la Ciudad y nadie, parece, puede ponerle un final. Esto es obra de alguien que cree que rompiendo algo público no perjudica a nadie, cuando en realidad afecta a todos, porque una plaza es de la comunidad”.
Este mes, en 527 y 116, otro ataque vandálico dejó sin teléfonos a un sector de Tolosa al quemar la base de un poste. Pocos días después, en 27 entre 530 y 531, con gomeras, destruyeron los focos del alumbrado público y dejaron a oscuras a ese barrio.
Según los cálculos de las autoridades municipales, reparar el deterioro que causa el vandalismo tiene un costo de 3 millones de pesos al año. Cestos de basura destrozados, tapas de columnas de alumbrado que desaparecen de a decenas, estatuas mutiladas, superficies que sufren el efecto de los aerosoles y plantas del espacio público que son arrancadas de raíz es parte de un fenómeno que hasta el momento parece imparable.
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