El destino del circuito con futuro incierto

Además de tener que afrontar el pago del juicio perdido por el accidente de 1998, la puesta al día de la infraestructura para volver a realizar competencias  automovilísticas de relevancia requiere de una importante inversión que aún no aparece. Lo que fue un orgullo para los “tuercas” hoy pende de un hilo.  

La situación devenida a partir del fallo de la Corte Suprema, condenando al autódromo local por el accidente ocurrido en el año 1998 y que le costara la vida al piloto de los zonales Natalio Farina, pone en riesgo la misma continuidad como tal del circuito. Pero debe decirse que, por más que las cifras parezcan muy altas o sean imposibles de pagar para el ASA, en la realidad del automovilismo nacional se diría que ese número es un vuelto. Para ejemplificar, es la cifra que gasta un piloto de punta, en una categoría nacional como el Turismo de Carretera sólo para un par de competencias.

El automovilismo se ha transformado en una gran cartelera para muchas ciudades del país. Pero las inversiones millonarias en todos los casos han venido del Estado Nacional y de los gobiernos provinciales. Casos como el de Potrero de los Funes, Termas de Río Hondo, o lo sucedido este año en la provincia de Entre Ríos, que organizó tres competencias casi seguidas, en Concordia, Concepción del Uruguay y Paraná, tres autódromos a menos de cien kilómetros de distancia, marcan claramente que el reflotamiento de las plazas para carreras es cuestión de los gobiernos.

La provincia con los años ha ido perdiendo su lugar en los calendarios, al punto de que el autódromo de la ciudad de Mendoza, en los fondos del Parque San Martín, ya no existe más, el de San Rafael está a punto de desaparecer o quedar sólo para zonales, lo que no permite un mantenimiento ni puesta en condiciones para categorías importantes, y sólo sobrevive el de San Martín, con una fuerte inversión pública y amortizado también por eventos como el show del "Indio" Solari.

El beneficio de tener automovilismo grande, por otro lado, es relevante para el turismo, si se piensa que en un fin de semana pueden convocarse alrededor de cuarenta mil personas con el TC o la mitad con el STC 2000. Esa cantidad de visitantes significaría para San Rafael una entrada de dinero muy relevante en rubros como gastronomía y hotelería, además de lo que implica como vidriera para la ciudad. Pero hay que dejar claro que el autódromo sólo puede salvarse con la intervención estatal. No hay un mecenas, como se ha dicho por ahí, que pueda afrontar los costos de reflotarlo, más allá de pagar la deuda por el accidente.

Pero por otro lado también es menester aclarar que cualquier puesta en valor debe implicar una profesionalización de la dirigencia y de los organizadores de los eventos. El luctuoso accidente que llevó a esta situación es inexplicable para cualquier seguidor del automovilismo. Con dos autos golpeados detenidos en la primera curva, con sus pilotos parados en la cinta asfáltica en lugar de salir de la zona de peligro, la competencia continuó cuando cualquier persona sensata la hubiera detenido.

Una bandera roja en la línea de sentencia hubiera salvado al autódromo de esta situación, pero más importante que eso, hubiera salvado una vida.

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